Si lo que vemos en el exterior de un monoplaza suele dejarnos boquiabertos, lo que que oculta su piel podría llegar a desencajar nuestras mandíbulas, porque la aerodinámica que reina afuera impone su ley también bajo la carrocería, incluso con mayor incidencia de la que cabría pensar.
Entre dibujo y dibujo, uno tiene mucho tiempo para pensar, y aunque los pensamientos salen a borbotones, lo complicado es justificarlos, de manera que a ratos, a ratitos más bien, se va armando la teoría propia a base de cotejar fotos y certificar o desechar lo que se intuye. Una vez pasado el filtro, cuando todas o casi todas las piezas encajan, más o menos, conviene pasarlas a limpio y presentarlas para que los compañeros y amigos, incluso los enemigos, pongan su granito de arena a la hora de intentar comprender lo que la F1 nos niega.









