lunes, 11 de marzo de 2024

Domingo de carreras


No os vengáis arriba, sólo pasaba por allí...

Por razones inexplicables me coincidió ver St. Pete (Grand Prix of St. Petersburg, USA) y acabé recordando lo bien que lo pasábamos en Nürbu cuando escribía sobre los monoplazas norteamericanos. El caso es que, acabado el evento, el saborcillo era tan grato que incluso me planteé durante un breve instante volver a pecar con la NTT Series Indycar, cosa que en principio no va a suceder, aunque, ¿quién sabe?

Como sabéis de sobra los callejeros no me hacen demasiado tilín, ni siquiera con una retransmisión que, para mi gusto, abusó de los trepidantes planos subjetivos (on board). Ando oxidado y me he tomado la libertad de engrasarme un poco antes de ponerme a escribir estas líneas, y, bueno, hay una cierta coincidencia en el estilo europeo de la carrera, quizás porque Newgarden no dejó mucho espacio para que nadie lo inquietara, o porque pesó demasiado el factor estratégico y la necesidad de ahorrar pasos por pits, lo que, inevitablemente, recordaba vagamente nuestros monocromos en Fórmula 1.

Pienso honestamente que estos parecidos se deben más a la tendencia actual por comparar disciplinas incomparables que a otras circunstancias —la Indycar también produce dominios y truños indigestos, ¡faltaría más!—, y a que St. Pete marca el inicio de la temporada y los teams y pilotos han preferido arriesgar lo justito en las calles de la ciudad de Florida.

Sea como fuere, la cita resultó entretenida a pesar de que Josef Newgarden prácticamente no dejó ni las migas hasta ver la ajedrezada, casi podríamos decir al estilo Verstappen, y sí, tras él ocurrieron cositas, como la reñida fregada que mantuvieron O'Ward y McLaughlin por el segundo cajón del podio, o la finísima remontada de Alex Palou que lo llevó del decimotercer puesto en la salida al sexto al concluir, en la que resultó clave mantenerse en pista mientras entraba a boxes todo pichichi a falta de 35 giros.

Os leo.

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