sábado, 14 de junio de 2014

Cuando llega la noche #25TLM [06]


La disposición del circuito de La Sarthe, con su eje longitudinal situado sobre el mapa galo casi en dirección norte sur, con Tertre Rouge en lo alto y Mulsanne en la parte inferior, origina que al atardecer resulte más peligroso que el amanecer para los pilotos, ya que la zona más revirada y complicada del trazado apunta precisamente hacia el ocaso en buena parte de su recorrido.

En días de buen tiempo, el sol en su declinación baña de brillos y luz el asfalto y en ciertos momentos, incluso llega a deslumbrar a los pilotos, y aunque las protecciones de los cascos tienen en cuenta este aspecto y las viseras incorporan a estas horas filtros polarizadores, las continuas pasadas con el astro rey practicamente enfrente obligan a un esfuerzo sobrehumando a los conductores en aras de que no pierdan ni la necesaria concentración ni de vista las lindes que delimitan la pista, porque cualquier error, por pequeño que este sea, puede resultar fatal.

Trazar adecuadamente en estas condiciones llega a ser bastante complicado y requiere de una preparación física y mental que no está al alcance de muchos porque Le Mans es un lugar fabuloso pero está lleno de trampas.

Si al atardecer es el sol el enemigo, durante la noche será la oscuridad y al amanecer el cansancio acumulado tras horas al volante. Los relevos son parte imprescindible tanto del espectáculo como de la propia trama, de manera que hay que descansar en lo posible y estar preparado para dar lo mejor de uno mismo en todo tipo de condiciones en cuanto el compañero sale del cockpit y eres tú quien ocupa su lugar en el habitáculo.

Más allá de la resistencia de los coches, las 24 Horas también ponen también a prueba la constitución de los hombres elegidos para conducirlos y así las cosas, la selección cuidadosa de los pilotos que componen las tripulaciones nunca es un asunto menor para los responsables de los equipos ya que con ella se atiende siempre a lograr un conjunto equilibrado que sea capaz de responder al máximo nivel ante todo tipo de coyuntura.

Experiencia y velocidad, fortaleza y consistencia, se engranan meticulosamente alrededor de la idea de escuadra. El equipo lo es todo en Resistencia y del primero al último integrante de una escuadra lleva grabado en la frente que durante 24 horas se acabaron las personalidades individuales para dejar espacio a que la formación responda como un solo hombre. No se trata tanto de cumplir el cometido encomendado como de estar preparado para lidiar con los peores toros en cuanto el jefe lo ordene, y si lo ordena durante el atardecer porque ha llegado el instante de asediar a un rival o de ganar unos segundos que pueden vitales durante la noche, se hace y punto, nadie pregunta ni pone objeciones, incluso sabiendo que el sol te herirá las pupilas en cuanto salgas de Mulsanne Corner.

Os leo.

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