Al filo del comienzo de la tarde, Temperance, Huesos para Booth y los amigos, descubría una vez más a su padre (cosas de las reposiciones). De fondo sonaba Placebo, elevando en alto esa magnífica pieza musical que da título a esta entrada y que ahora mismo estoy escuchando.
El caso es que desde abril pasado estoy recorriendo mi particular y enésimo Nürburgring, y siento que va siendo hora de dejar de pensar sólo en cada curva para centrarme en vaya usted a saber qué demonios.









