sábado, 16 de febrero de 2013

Ahora que sabemos [G.P. de Bahrein]


El año pasado, después de la disputa del controvertido G.P. de Bahrein, quien más y quien menos se quedó con una sensación bastante agridulce. Narcotizados por lo espectacular que resultaba la cuarta victoria de un piloto diferente en las cuatro primeras carreras del año, en este caso Sebastian Vettel, el rendimiento de las Pirelli seguía presentando más sombras que luces en su cuarta puesta en escena, o eso parecía.

Tan sólo a siete días del triunfo de Nico Rosberg en el G.P. de China, sobre el circuito de Shanghai, y con la espada de Damocles que suponían las revueltas populares que habían puesto en entredicho la prueba hasta un par de días antes de que el trazado de Sakhir albergara los entrenamientos, el Gran Premio de Bahrein se celebraba en las fechas previstas.

La calificación del sábado proponía para la carrera un mano a mano entre los hombres de Red Bull y los de McLaren. Sebastian Vettel había conseguido la pole, seguido por Lewis Hamilton, Mark Webber y Jenson Button, pero una vez encendido el semáforo verde, la lógica se imponía de nuevo y el bicampeón del mundo arreaba desde la primera curva hacia una victoria casi segura, gracias a esa cláusula sagrada que se aplica con tesón sobre quien sale delante en F1, otorgándole el beneficio del aire limpio que rodea a su vehículo de manera constante, y evitando por consiguiente, el pernicioso estrés sobre los neumáticos.

Al hilo hay que recordar que las pruebas llevadas a cabo por Red Bull con dos monoplazas sustancialmente diferentes en China, habían permitio a Adrian Newey, y en muy pocos días, sea dicho de paso, ofrecer a Sebastian un vehículo más adecuado a su forma de conducir, en el que el alemán se iba a encontrar tremendamente cómodo.

Si a ello sumamos el palmario desastre firmado por McLaren y la falta de punch de Ferrari, la carrera parecía estar servida desde los primeros giros, pero por fortuna andaba por ahí Kimi Raikkonen y su inmaculado cuidado de las gomas de su Lotus E20, factor a tener muy en cuenta, porque por encima de todo, el G.P. de Bahrein iba a ser una prueba propicia a Renault, en la que las Pirelli iban a cantar más que la Castafiore. Pero no adelantemos acontecimientos.

Desde comienzos de los entrenamientos (el viernes) se entrevió la posibilidad de que la firma de compuestos hubiera errado en sus estimaciones, lo que originó muchos quebraderos de cabeza en las escuderías y por supuesto entre los pilotos.

Así las cosas, la excesiva degradación de los neumáticos dio lugar a multitud de cambios de posiciones durante las primeras vueltas, situación que se estabilizó para el giro 15, momento en que Vettel seguía comandando la prueba (sólo había cedido el puesto y de forma breve, a Paul di Resta, en el 12), seguido por Romain Grosjean, quien parecía haber despejado todas las dudas que había levantado en el inicio de sesión, y de un plumazo. A la cola del vehículo del suizo, el otro Lotus, el de Kimi, que había ido deshaciéndose de sus rivales tras salir decimoprimero. Tras ellos, Mark Webber y los McLaren gritando a naufragio, seguidos a muy corta distancia por Fernando Alonso y su Ferrari.

Para la mitad de la carrera propuesta a 57 vueltas, las posiciones delanteras parecían inalterables aunque para ese momento el campeón del mundo de 2007 había superado a su compañero, y en la zona media y baja continuaban las escaramuzas y los cambios de posiciones, en un escenario que se habría vuelto más soso aún a partir del giro 41, si no fuera porque Kimi, en apariencia holgado y con buen calzado en su monoplaza, comenzó unas vueltas más tarde un trepidante ataque sobre el bicampeón del mundo, que sólo cesó cuando las Pirelli del Lotus del finlandés aconsejaron que éste cejara en su propósito.

El podio quedaba firmado por Vettel, Raikkonen y Grosjean. Webber terminaba cuarto, delante de un excesivo Rosberg que había puesto en peligro en sendas ocasiones a Lewis y a Fernando, respectivamente. Tras él, Paul di Resta, Alonso haciendo séptimo, Hamilton salvando los muebles después de haber zarpado segundo, Massa en apariencia reivindicado, y cerrando la tabla de puntos, un Michael Schumacher que no consiguió meterse en la carrera.

En líneas generales se podría decir ahora que sabemos, que el G.P. de Bahrein bien podría no haberse celebrado como pedían a voces el pueblo bahreiní y una buena muestra de aficionados, porque Pirelli, sin duda apostando a que habría hueco en el calendario, llevó a Sakhir unas gomas totalmente inadecuadas, quién sabe si un remanente extra de las usadas en China, en todo caso una tomadura de pelo con forma de ruedas.

Os leo.


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