Desgraciadamente, nuestra época viene marcada a fuego por la petulancia y el postureo caiga quien caiga, facetas del ser humano que han exacerbado los rigores de nuestras benditas redes sociales. Cambiaría todo tanto si pudiésemos reunirnos para charlar alrededor de un café, un refrigerio, unos cacahuetes y unas peladillas, un bourbon tal vez, que apena mucho que lo que hemos ganado en facilidad de comunicación se vaya por el retrete porque toca defender el ego así se nos haya despeñado en el primer tuit...
Tengo día de recordar a Nigel. No por nada especial, o quizá sí, por Iván, mayormente, y seguramente por todos esos mansellistas con los que podías (y puedes) echar horas y horas de una tarde sin temor a aburrirte o a que las normales divergencias de opinión chafasen lo que siempre ha sido una jugosa charla entre enamorados de todo esto.









