Acostumbrado a que estas cosas sólo le sucedieran a Ferrari (ejem, ejem), casi me caigo de la silla al leer ayer que Red Bull ha tenido un problema de correlación de datos que ha comprometido su inicio de temporada (sic), aunque bien mirado, a lo mejor todo consiste en que la austriaca ha puesto sus credenciales sobre la mesa para lo que queda de campaña y 2018.
Un error de estas dimensione es grave. Las diferencias entre la información obtenida en el túnel de viento, su tramitación en el CFD (Computational Fluid Dynamics) y lo que se observa posteriormente en la pista, pueden tirar abajo un proyecto sin denasiados miramientos, porque entre que casi no hay entrenamientos y la limitación de horas de trabajo es más puntillosa que los presupuestos de don Cristóbal Montoro para las Autonomías, apenas hay margen durante la sesión para reparar un siete de ese calibre.









