martes, 13 de octubre de 2015

Casi perfecto


Aquí donde me veis, fui el primero en llamar Roy Bean a Charlie Whiting, en tildarlo de Juez de la horca, en describirlo como un individuo arbitrario y mezquino que juega a ser dios en cada carrera porque nadie ha tenido narices de jubilarlo cuando era tiempo y hora.

Me deshauciaron la idea por no protegerla, como otras tantas. Pero a lo que vamos, bastaría que un solo piloto, quien sea, aunque la retórica que estoy utilizando se concrete en la figura de nuestro compatriota Fernando Alonso, afirme, digo, que en los briefing anteriores a cualquier prueba prefiera no hacerse notar por si las moscas, como para que entendiéramos el auténtico cariz de este personaje de película, que se mantiene en su puesto no porque convenga al deporte ni a la FIA, sino porque es del gusto de Bernie.

Él fue el encargado de investigarse a sí mismo cuando Bianchi perdía media vida en Suzuka, para lógicamente, extraer como conclusión que ni él ni la institución que le paga la nómina tuvieron culpa alguna, en el incidente que acabaría marcando una antes y un después tras la muerte de Ayrton Senna. La responsabilidad fue de Marussia, de Jules, que iba demasiado deprisa; del maestro armero, de Jersey Lily, a la que nunca vio el pelo...

Y el tal, con sus dos bemoles, no ha tenido mejor ocurrencia que afirmar que en el ya pasado Gran Premio de Rusia, todo ha ido casi perfecto. La organización casi perfecta. Los diecisiete minutos que estuvo sepultado Carlos Sáinz bajo los módulos Tecpro Barriers hasta que lo sacaron, casi perfecto. Y otro tanto el derrame de gasoil sobre la pista, el viernes, y la sepiolita. Y los GP3 corrriendo de noche, y el comisario jugándose el tipo para recoger los restos de un coche. Y Grosjean esperando por ver si alguien se daba cuenta de que a lo peor necesitaba ayuda. Y Bottas, cabreado por lo de Kimi, lanzando la cobertura de su cockpit en mitad de una escapatoria...

¡La perfección no existe, carajo! ¡Ni aquí fuera ni ahí dentro, en la Fórmula 1! 

Todo es casi perfecto porque no puede ser de otra manera, porque si hubiera posibilidad de alcanzar el 10 como nota, Charlie no existiría. No haría falta.

Pero puesto que Whiting existe, mal que nos pese, la nota máxima que puede obtener un Gran Premio es un nueve con dos, con tres, o raspado tirando por lo bajo. Y si anda por ahí Vladímir Putin, un nueve con seis y de ahí no nos pasamos porque supondría abusar, bajar la guardia con lo que nos gusta velar por la seguridad y por otro montón de cosas importante. Hay que mejorar, siempre hay que hacerlo aunque sea poquito a poquito, no vaya a ser que en un desliz se nos escape un piloto español que en el día en que cumple 250 pruebas de leal servicio al negocio, va y consigue un miserable punto al concluir la carrera en décima posición.

Para eso está Charlie, el Juez de la horca, para devolvernos a la cruda realidad. Para sancionar con contundencia las actitudes realmente graves, en aras de que el universo que le rodea sea casi perfecto por siempre jamás.

Os leo.

3 comentarios:

Jorge dijo...

Magistral esta entrada. Tu me muestras como hablar de este mamarracho sin insultarlo, a mi ya ves, me resulta imposible....

Cao Wen dijo...

Sí, Roy Bean (con todas esas muertes sobre su lomo). ¡Pero también Mr. Bean!

Jose Tellaetxe Isusi [Orroe] dijo...

Buenas tardes ;)

Jorge ;) Sí, es complicado no llamarle de otra manera ¡ja,ja,ja,ja!

Cao Wen ;) La vena cómica de este impresentable no le llega a la altura de los zapatos a Atkinson, pero tampoco se puede negar que escasee... Yo le pondría parejo a Benny Hill ¡ja,ja,ja!

Un abrazote

Jose