sábado, 26 de octubre de 2013

A walk in the clouds


Estoy viviendo este final de sesión con un desapego antinatural, podríamos decir. Mira que han sido años de aguantar hasta los últimos estertores del mundial con las energías intactas, incluso en 2011, cuando aquella maravilla de RB7, a pesar de que todo el pescado había sido vendido, animaba a seguir indagando en las inteligentes proezas que lo alimentaban desde sus entrañas...

Aprovechando que esta semana me he visto obligado a estar apartado de este mundillo y de otros gracias a que la ADSL ha sufrido alguna que otra incidencia técnica, de vuelta al tablero de dibujo por imperativos de guión, entre trazo y trazo de lápiz he dispuesto de mucho tiempo para pensar, a resulta de lo cual he recordado que este año ya empezaba con el pie cambiado —«temporada puente» la comenzaba a llamar hace ya unos meses, a la vez que me quejaba una y otra vez de la estúpida organización de un calendario que aburría a un rebaño de ovejas con interminables tiempos muertos entre carrera y carrera—.

Sea como fuere, no se puede negar que 2013 seguramente pasará a la historia como uno de los campeonatos con menos chicha de los últimos tiempos. A medio camino entre 2012 y 2014, en previsión de los profundos cambios que sufrirá la Fórmula 1 el año que viene, la mayoría de equipos prolongaron sus diseños de la sesión pasada (evolutivamente, se entiende), para enfrentarse a la corriente con sus respectivas chances intactas a la espera de poder meterse con los vehículos del año próximo y sus numerosas exigencias tanto económicas como logísticas.

Sin duda era una alternativa adecuada, la más idónea, si se me permite decirlo, ya que conforme iban transcurriendo las pruebas podíamos observar cómo los monoplazas más arriesgados (McLaren y Williams, fundamentalmente), comenzaban a morder el polvo irremediablemente por falta de tiempo de exploración, y lo más grave, porque Pirelli intervenía dramáticamente en el campeonato.

Así las cosas, si la previsión más halagüeña nos ponía en que el mundial se iba a desinflar en verano, gracias a la intervención de la milanesa se iba al carajo a finales de primavera. A partir de entonces, una a una, con la boca pequeña o con la boca grande, las escuderías comenzaban a renunciar a continuar luchando por el campeonato salvo Mercedes AMG, Lotus, Ferrari y Red Bull. Cuatro escuderías en liza con trece carreras por delante...

Un par de meses después, con el retorno de vacaciones tan sólo quedaban dos equipos con posibilidades habiendo superado el ecuador del campeonato. En Singapur, todo estaba claro: la de Milton Keynes, de nuevo, y una eternidad por delante.

Una eternidad que los aficionados y la prensa hemos rellenado como hemos podido con las migajas que nos dejaba el campeonato, hasta el punto de que la silly season prolongada ad nauseam comenzaba también a resultar un absoluto truño...

No me extiendo. 2013 no va a ser una de mis temporadas preferidas. Técnicamente apenas ha aportado nada y deportivamente hablando, Pirelli (que por cierto, sigue liándola en India) se ha encargado de empañarla lo suficiente como para que no sea el único al que le cuesta en estos momentos acercarse al televisor, cosa que me consta que ocurre incluso entre mis numerosos amigos que no beben los vientos por Fernando Alonso o por Sebastian Vettel.

Pero la vida sigue, y nadie podrá decir que no lo intentamos. Publicando, que empieza la calificación.

Os leo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo lo sigo con enojo. Es encender la tele, empezar la Q1.... y cabreo. Voy a tener que dejar la F1 por una temporada.

Susana

Anónimo dijo...

Otra vez el dedito de marras para regocijo del mandamás del chiringuito. El año que viene el quinto ya se va cocinando a fuego lento. Más poles, más victorias... Dios, qué amargura.


King Crimson

Labrador Mordedor dijo...

Kim, no te tomes así lo del dedito.
A mi me molestaba antes pero lo entendía. Un chaval que ha ganado y lo demuestra. Si me pongo en su lugar, pienso:
-Este es mi dedo número uno. ¿No te gusta? Te fastidias. La próxima vez gana tu.

Pero ahora estoy seguro de que le dan la orden de que lo saque.
El gesto disgusta y eso da publicidad, provoca, y eso da dinero.

Sinceramente, espero que no lo usen como una marioneta y luego le den la patada.