No se me ha perdido nada en el mundo de las dos ruedas, pero quizás porque me han arrullado tantas veces los oídos con que allí el mundo era diferente al nuestro y tal, y su afición era más sólida y equilibrada que la nuestra y tal, salgo de mi cueva a estas horas para perder seguidores en Twitter y sangrarme seguramente de amigos de tomar cervezas, por no poder retener las ganas de afirmar en público, negro sobre blanco, que la actitud de un individuo que no fue capaz de conseguir la tercera plaza en Valencia para poder decir lo que le viniera en gana terminada la carrera, es innoble, antideportiva, cerda en el más sucio sentido de la palabra.
Rossi no me caía del todo bien y ahora me cae como el culo. Un tipo que no sabe perder puede mostrar su frustración de mil y una maneras, incluso expresarla aceptando el resultado y salpicándolo de peros. Lo que no puede hacer jamás si se considera deportista, es armar la de Dios es Cristo hasta reventar el campeonato porque las cosas no han salido como quería, que no habrían salido así ni aunque Stephen Hawking hubiera hecho los números.