El desencuentro palmario entre Graeme Lowdon y John Booth a un lado, y al otro, Stephen Fitzpatrick, propietario del equipo, no ha hecho otra cosa que poner de relieve, que Manor no ha participado en el Mundial de este año con la intención de sentar las bases de un proyecto más o menos serio, sino con un interés marcadamente presencial.
Estrenada en el campeonato 2015 sobre los restos de Marussia —su monoplaza ha sido prácticamente el mismo MR3 que usara la rusa en 2014, obviamente, ajustado a la normativa vigente—, manor lo comenzaba no pudiendo rodar en la carrera de Australia por un problema habido en el software de su plataforma propulsora made in Ferrari —o en los abonos pendientes con Maranello, que tanto da—, y atenazada por una situación económica que no era para echar cohetes pero que se vio ligeramente aliviada con la incorporación del patrocinador Airbnb en el Gran Premio de Canadá y Flex Box en el de Gran Bretaña.









