lunes, 21 de diciembre de 2015

[Manor] Sin tela no hay paraíso


El desencuentro palmario entre Graeme Lowdon y John Booth a un lado, y al otro, Stephen Fitzpatrick, propietario del equipo, no ha hecho otra cosa que poner de relieve, que Manor no ha participado en el Mundial de este año con la intención de sentar las bases de un proyecto más o menos serio, sino con un interés marcadamente presencial.

Estrenada en el campeonato 2015 sobre los restos de Marussia —su monoplaza ha sido prácticamente el mismo MR3 que usara la rusa en 2014, obviamente, ajustado a la normativa vigente—, manor lo comenzaba no pudiendo rodar en la carrera de Australia por un problema habido en el software de su plataforma propulsora made in Ferrari —o en los abonos pendientes con Maranello, que tanto da—, y atenazada por una situación económica que no era para echar cohetes pero que se vio ligeramente aliviada con la incorporación del patrocinador Airbnb en el Gran Premio de Canadá y Flex Box en el de Gran Bretaña.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Oh, shit!


No me he muerto, como podéis comprobar.

Mi ausencia se ha debido a que tenía necesidad de lamer mis heridas y poner las neuronas a desfilar al paso de la oca por el patio, por aquello de que recuperasen la indispensable disciplina. No todo va a ser dormir tres o cuatro horas al día... creo que me entendéis.

martes, 15 de diciembre de 2015

No es alzhéimer, es sexo


Siento desilusionar a los que estaban esperando que diese réplica desde aquí, a los rebuznos de Sergio Marchionne ante la prensa. Aunque no lo creáis, estoy totalmente de acuerdo con sus palabras, tanto que las firmaría ahora mismo. Claro está, si me sucediese lo que le está pasando a la mítica.

Y es que desde que saliera a bolsa en Nueva York a mediados de octubre pasado, cada vez que hablan Marchionne o Arrivabene, lejos de creerme sus bobadas, paso inmediatamente por el índice bursátil neoyorkino (NYSE) para ver qué tal va la cosa. 

lunes, 14 de diciembre de 2015

La afición que tienes


El final de esta temporada ha supuesto un rotundo dos por uno. Por un lado, hemos descubierto que a Nico Rosberg no se le respetará jamás ni aunque gane carreras. Y por otro, que las escuderías tienen la llave de quién gana y quién no en sus equipos.

Me diréis que esto ha sido siempre así y seguramente llevéis razón, no me voy a poner tontorrón a estas horas. La vida no es justa ni aquí ni en ninguna parte, y en este pequeño micricosmos que llamamos Fórmula 1, que parece un experimento en miniatura de las tesis neoliberales propuestas desde la Escuela de Chicago, no iba a ser menos. 

Los ricos también lloran


Se nos acaba el año y va siendo menester hacer el tradicional repaso a la parrilla. 

Este año no he hecho crónicas de cada Gran Premio —en el sentido que le damos los aficionados a eso de hacerlas—, y la verdad es que no me arrepiento. Después de cada cita del Mundial surgen como setas en otoño y sinceramente, me parece contraproducente incidir en un relato más o menos acertado, de las cosas y acaecidos que hemos visto por la tele o a través de la pantalla del ordenador.

domingo, 13 de diciembre de 2015

El cielo protector


Que injusta es la vida. Te descuidas, y te sale The Sheltering Sky de Paul Bowles.

Ayer nos otorgaron un premio y ya hay augustas personalidades de la chavalería, que consideran poco menos que no lo merecemos, que es un premio que se da entre amigos, que no es como el Planeta...

sábado, 12 de diciembre de 2015

¡Sí por mis cojones!


Os he contado más de una vez aquello de que cuando este humilde servidor era joven y aún no había leído a Nietzsche, Ángel Santamaría, su entrenador en la Deportiva Naútica de Portugalete, lo ponía como ejemplo ante sus socios de aventuras, de virtudes de las que nunca tuvo conciencia.

Fue aquella una etapa crucial para mi desarrollo como persona. Formaba parte de un equipo, la Naútica de Portu, en la que cada uno de sus componentes participaba lo mismo de los éxitos de los mejores o las chicas, que cedía un bañador o la vaselina para que las axilas de quien fuese, no enrojecieran o sangraran en mitad de la travesía por la acción del salitre. Donde era posible que el entrenador, fuese aquel barbero de generosidad inabarcable que respondía al nombre de Adrián, o el durísimo Ángel, nos jaelaran o nos abroncaran, bien por ayudar a un compañero o bien por dejarlo tirado.

Los hombres que miraban fíjamente a las cabras


Jon Ronson, autor de ¿Es usted un psicópata? (The psychopath test), tiene otra obra de la que Grant Heslov sacó la película que da título a esta entrada: Los hombres que miraban fíjamente a las cabras (The men who stare at goats).

He leído el texto y he visionado la cinta, y no una ni dos, sino varias veces, aunque por razones que ahora no vienen al caso contar. En fin, como de costumbre, salvo raras excepciones, la crítica en general, en vez de indagar en las raíces del argumento entendió en el primer caso que era un best seller que engarzaba su trama entre lo bélico y la cultura hippie, y en el segundo, una comedia que no llegaba a ninguna parte a pesar del elenco de actores que colaboraron con Heslov.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Fast in the Pit Lane [Carlos Crego]


Quien imagine que es sencillo levantar un blog y mantenerlo, debería reparar en lo cargaditas que están las cunetas de aventuras de este tipo. 

El bloguero de Fórmula 1 es una especie en peligro de extinción. Se liga mucho andando por Twitter o Facebook con un enlace a un lugar donde se escribe muy de cuando en cuando, donde se dejó de escribir hace años, donde escriben otros por ti, donde se tiene pensado escribir una entrada sobre la que uno se está documentando, que nunca llega... Pero coger el toro por los cuernos y escribir cuando toca, y además, intentando sacar una sonrisa, perdonadme que lo diga: eso está reservado a muy pocos.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Business is business


No me cae bien. No me ha caído bien nunca, ni he entendido jamás a quienes veían en él alguien indispensable, un ejemplo a seguir porque business is business. Sin embargo, hoy ha estado graciosa la bruja de Blancanieves. 

Borracho de venganza porque las cosas no están saliendo como quería, porque quizá se siente Rey Lear, Bernard rechaza que le llamen Bernie, y como hacía Errol Flyn ebrio de alegría, arranca al piano melancólicas notas con su herramienta, en las que narra entre negras y corcheas, cómo ha vendido la Fórmula 1 y cómo sus hijas le han vendido a él.