Con todos mis respetos para esta sentida modalidad musical, no puedo por menos que rasgar el aire con un profundo y alargado ¡aaayyyyy! y fijar mis ojos y entendederas, en ese pedazo cantazo que ha dado Felipe Massa al quejarse públicamente en Abu Dhabi de que su escudería le ha chafado su tercer y último stint, cuando él solito se ha encargado de joder la espectativas del hoy por hoy equipo que le paga la nómina, poniendo un ladrillo más en esa historia de mezquindades, silencios, acusaciones veladas, palmaditas en la espalda y flores al enemigo que no hay dios que entienda, pero que al paso que vamos terminará con La Scuderia mordiendo el polvo frente a la de Brackley y la de Enstone, tras haber perdido los dientes por cuarta vez consecutiva ante la de Milton Keynes.
Dicen por ahí que si una historia puede terminar mal con seguridad lo hará peor, y lo cierto es que la deriva que está tomando este último acto de la larga convivencia entre el paulista y Ferrari lleva muy feo camino, tanto como para animarse a apostar a que como alguien, arriba, no haya cogido el teléfono ya para recordar al gañán lo que le recordó a Fernando en fecha tal como su cumpleaños, Austin e Interlagos se pueden convertir en dos sendas películas de miedo porque mi Felipe sí que está crecidito, no como la de Il Cavallino Rampante, que sigue descansando su suerte en la fortaleza de la espalda de un tipo que a punto ha estado hoy de rompérsela.