Os cuento una de un tipo inteligente y brillante que despunta en algo, y otro, mezquino, que se apropia de lo que ha hecho, dicho o escrito el primero, sin hacer el honesto y pertinente acuse de recibo que advertiría que va de prestado… La situación no es nueva, ni en este matraz en el que nos desenvolvemos día a día, donde las ideas viene y van, a veces sin ton ni son; ni en el otro, el de ahí fuera, el que ahora anda acojonado porque dicen que Internet le está haciendo una competencia que no saben cómo evitar, pero que hay que parar a toda costa.
Y en cierto modo tiene su gracia que Eloy, el tipo brillante del que os hablaba hace un momento, haya
alzado su voz para delatar el uso y abuso que se hace de todo esto, de su esfuerzo e inteligencia, precisamente cuando se celebra
El Día del Blog (me he enterado porque
Cavallino ha tenido a bien
incluirme entre sus agasajados); el día de los graneros; el día de los que somos capaces, en mayor o menor medida, de sacarle punta a
la actualidad que nos cuentan los que temen por la integridad de su tinglado; el día de los que creamos contenidos a partir de una realidad que parece dictada por aunténticos autómatas; el día de los que nos hemos puesto el mundo por montera para tomar las riendas de la información a nuestra manera, lanzando nuestras ideas al viento sin esperar una miserable recompensa más allá del agradable compadreo que surge al calor de los comentarios... El día en que todos nosotros buscamos algo más de respeto, para que nos entendamos.