martes, 24 de septiembre de 2013

Uomini d'onore


La bruja de Blancanieves es un tipo que termina cayendo bien, lo reconozco, incluso resultando atractivo para aquellos que piensan que en la vida lo único importante es amasar dinero. Pasa por ser un hombre de éxito, pero como el éxito no existe, lo más que le arrogo a Bernard Charles Ecclestone es que en algún momento de su dilatada existencia tuvo que dejar de poder mirarse a la cara.

Desprendido el barniz con que habitualmente nos lo presentan, en crudo y no edulcorado por la sonrisa y las canas, lo que vemos es un hombre afincado en el comercio de favores y secretos, elevado sobre sus iguales porque los tiene agarrados por los huevos. Un capo, no sé si di tutti capi como el viejo Enzo, pero en todo caso, un uomo d'onore que ha sabido granjearse con la edad y los numerosos guiñapos que ha dejado en la cuneta, un respeto que muy pocos cuestionan en el paddock, su territorio natural de caza.

Catorce años ya


Todos los años suelo dedicar a McLaren una o dos entradas para recordar que desde 1999 no ha conseguido un miserable título de constructores, y que se salva de la quema en el de pilotos por aquel 2008 en el que Lewis se arrastró bajo la presión y la lluvia en Interlagos, hasta conseguir arañar finalmente el punto que le hacía falta para coronarse campeón del mundo frente a Felipe Massa.

Catorce años con este, que suelo echarle a la cara a la prensa inglesa en un acto de absoluta legítima defensa, pues si hay alguien que gusta ocultar sus miserias buscando grietas en Ferrari, es ella. De Williams, obviamente, ni hablamos.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Dos lágrimas de ventaja


El follón que se ha montado a cuenta de la victoria de Sebastian Vettel en Singapur lleva camino de convertirse en épico, y eso que ha ganado y va lanzado en pos de su cuarto mundial consecutivo… Y todo porque los que estamos hasta las narices de que nos den gato por liebre, renegamos de esta papilla que nos están sirviendo.

Sin norte y totalmente perdido, reconozco que es más fácil sentenciar y quedar molón en 140 caracteres que escribiendo entradas de 600 palabras de media —un riesgo innecesario, si se mira bien, en un mundo que valora el acierto de un dardo lanzado con más de una copa encima, que la incertidumbre de una flecha impulsada al cielo por el arco de tejo de Robin Hood o Legolas, por coger dos sencillos ejemplos a mano—.

Camino de Yeongam


Como decía hace unas horas, Singapur ya es historia y hay que ir pensando en el siguiente round de este agotador combate a 19 asaltos en el que las sensaciones, más que los datos, hablan con mayor contundencia de lo muertito que se está quedando todo.

Ayer sin ir más lejos, fuimos muchos los que tuvimos la sensación de que Antena3 nos atiborraba menos que otras veces con los sacrosantos cortes de publicidad. Los feos abucheos a Vettel en el podio ofrecían la sensación de que al públco, sea de donde sea, le comienza a cansar este tipo de espectáculo que nos sirve la FIA. Así mismo, las fotografías para decorar nuestras entradas daba la sensación de que llegaban con cierto delay y con menos abundancia que otras veces. Y por último, más bien por terminar, los posteriores análisis abundaban más en las sensaciones que en la información porque difícilmente se puede explicar que en un circuito de las características de Marina Bay, considerado de alta carga aerodinámica, existiera un coche que parecía estar corriendo en Monza...

La grúa de medir


Nada más lejos de mi intención ayer, cuando escribí Hijos de puta, que solicitar clemencia para esos dos gandules que se llaman Mark Webber y Fernando Alonso, respectivamente, por haber tenido una ocurrencia que podía entrañar algún tipo de peligro.

Voy a pasar por alto que el asunto se dio en la vuelta de retorno a boxes en medio de un tráfico bastante relajadito tanto en su forma como en su velocidad, tampoco aspiro a que se entienda que hablar de «peligro con mayúsculas» en esas circustancias me resulte pelín tendencioso porque los pilotos sortean escollos más complicados a muchísima velocidad y lo normal es que rara vez ocurra algo. Dicho lo cual, Fernando aparca su F138 en un lugar poco adecuado y Mark entra en la pista para subirse a él. Había riesgo, sin duda, y habría que ser muy cazurro para no verlo.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Hijos de puta


Es la segunda vez que utilizo este título. Hace años lo usé para calificar a Max Mosley y Bernie Ecclestone, pero no temáis, la conjunción de palabras está recogida en la R.A.E. y en español supone un sinónimo vulgar de mala persona que incluso se puede verbalizar esbozando una sonrisa.

Y es que hay que ser mala persona para abusar de los iconos de nuestro deporte, sea para engrandecer determinados aspectos del negocio o para establecer equívocas comparaciones con un pasado que lamentablemente jamás volverá, y calzarle a Mark Webber una amonestación por volver a garajes como pasajero del F138 de Fernando, a resultas de la cual, el aussie se verá retrasado con 10 posiciones en la parrilla de Corea.

As good as it gets


Si dispusiéramos de una prensa deportiva que hiciera honor a su nombre, esta misma mañana me habría ahorrado tres explicaciones a otras tantas personas, sobre aquellos aspectos que habiendo concurrido en el explosivo comportamiento arrasador de Sebastian Vettel, explican de sobra y con abundancia de datos, contrastables para más bemoles, por qué ni Fernando es tan arrogante ni Ferrari tan mala.

Si esta gente que escribe tan alto no se alquilaran barato por un pase V.I.P. o cualquier otra gabela, seguramente a estas alturas todo el mundo conocería de sobra que la FIA ha vendido este campeonato a Red Bull con la connivencia de Pirelli, allá como a comienzos de mayo, como hiciera el año pasado en verano en pago por el rescate del WRC, y yo me ahorraría mucha saliva y seguramente viviría más tranquilo aunque el Nano siguiera quedando por detrás del matarécords.

Se puede


En apenas hora y media saltamos al campo y quedarán entonces noventa minutos largos por delante. Sabíamos que no iba a estar fácil pero no es momento de pedir permiso a nadie, ni siquiera a Sebastian, mucho menos a Red Bull o Pirelli.

El deporte es así y si queda algo deportivo en todo esto, está ahí, frente a nosotros, en esa franja horaria en la que los equipos, los pilotos y sus máquinas, se enfrentan sobre el asafalto sin que nadie más intervenga, con la intención de convertir cualquier miserable posibilidad de que suceda algo imposible, en una oportunidad única para alcanzar el milagro.

Así es la vida back's back


«A los ingenuos que todavía creemos en las hadas y que es posible la magia, nos sigue sorprendiendo la brutalidad magnética de la Fórmula 1. Hoy se desprende un plafón sobre el coche adecuado, mañana las ruedas no responden como estaba previsto, y 2007 vuelve sobre Kimi Raikkonen para recordarnos que es el patrón quien manda y que a los currantes les toca bregar bajo el amparo del Altísimo.

Lucha de clases, purgatorio, llamadlo como querías pero lo de Iceman es raro de cojones salvo que metamos en la ecuación esa premisa a la que somos tan reacios, que dicta que quien se mueve no sale en la foto...»

sábado, 21 de septiembre de 2013

A hard day's night


¡La jodimos, tía Paca. Vettel ha vuelto a hacerlo y nadie sabe cómo ha sido…! Bueno, sí, sí sabemos cómo lo ha conseguido pero quedaría feo repetirlo si no fuera porque Marina Bay es un trazado de curvas más o menos lentas, adecuado a los pilotos que gustan meterse en los giros frenando fuerte a su entrada para que el cabeceo del vehículo origine que el peso del mismo termine apoyando el tren anterior y facilite por tanto que el monoplaza tome casi de forma natural el camino hacia la salida de la curva, como pasa precisamente con Sebastian.

Si a ello sumamos que Pirelli ha endurecido más las carcasas de sus neumáticos traseros que las de los de los delanteros, facilitando con ello que la eficacia del tren posterior sea más rentable y que por tanto los coches neutros se vuelvan subviradores, que los sobreviradores se tornen neutros y que los subviradores las pasen canutas, obtenemos un cuadro de subviraje egocéntrico, mayúsculo, casi grotesco, que beneficia a tipos como Seb, por lo que decíamos antes y porque su RB9 responde al clásico esquema de monoplaza falso subvirador (¿cuántas veces se ha quejado Mark de que el suyo subviraba demasiado?)