A Senna se le ponía serio el semblante. Bajaba ligeramente el tono de voz y buscaba con su mirada un lugar lejano e inaccesible cada vez que recordaba su vuelta de pole en Mónaco 1988...
Esta anécdota, junto a la que protagonizó en Spa-Francorchamps cuando sintió a Dios tan cerca, ha ayudado a construir la mitología que rodea al piloto brasileño, pero también ha servido para verlo como un personaje demasiado tendente en público a la sobreactuación.









