Lo malo de hablar en pretemporada de Ferrari es que, hasta la cena, nunca sabes si lleva en su interior un pequeño alien.
Kane se despertó tan contento, con hambre, y tras un par de bocados descubrió que la vida —lo que le quedaba de ella, más bien—, era todo abismo, y, aunque duela escribirlo, eso suele pasarle a la de Maranello: que todo va bien hasta que deja de hacerlo e incluso los tifosi nos ponemos a buscar para cazar al xenomorfo por la nave, desconociendo que será él quien acabará con nosotros aunque vayamos armados hasta los dientes.



















