martes, 11 de febrero de 2014

El tiempo dirá


Han comenzado a despertar a Michael y ya tenemos quinielas para todos los gustos, aunque gana la abonada a la fatalidad porque el pesimismo, en esta sociedad en que vivimos, siempre ha tenido más adeptos y ha permitido fardar más que el optimismo.

La familia del Kaiser sigue pidiendo respeto y ruega que se deje trabajar a los galenos, pero a pesar de los pesares, siguen trascendiendo noticias parciales que con el ánimo de calmar a los numerosos aficionados que sienten preocupación por la salud del heptacampeón del mundo, sirven a su vez como leña para las especulaciones y cómo no, para rellenar el espacio baldío que ha dejado la Fórmula 1 tras su paso por Jerez.

La F1 era escueta en su comunicado de hace unos días y tras publicarse, poco a poco hemos ido conociendo (es un decir) más particularidades de ese lento paso del estado de coma inducido a la plena vigilia en el que está inmerso Schumacher. Han pasado seis semanas desde su accidente y la prisa por percibir resultados se ha notado casi desde el primer momento, pero cumplido el mes, las informaciones ya apuntaban a una recuperación lenta, costosa, y a la enorme cantidad de riesgos que podía conllevar, es decir, que hace al menos dos semanas ya sabíamos a lo que nos íbamos a enfrentar.

Llegados a este punto, yo mismo podría sumarme a esa corriente de opinión que apuesta en estos momentos porque Michael quede de por vida postrado en cama, o aquella otra que insinúa para el futuro del alemán un horizonte en silla de ruedas y con absoluta dependencia de los que le rodean, pero no me da la gana tasar tan baja la esperanza porque a mí, personalmente, no me hace falta que el Kaiser vuelva a los circuitos o a conducir coches espectaculares, me basta con que salga de ésta y siga vivo para intentar de nuevo ser feliz, que seguro que lo consigue. Y si por un casual los malos augurios yerran de nuevo, como erraron con Robert Kubica, por ejemplo, tampoco me sentiré defraudado, lo juro.

Quiero decir con todo esto que solemos precipitarnos en la valoración del ser humano y que a mi modo de ver, lo estamos haciendo en estos instantes. Schumacher es algo más que su imagen pública, sus siete campeonatos del mundo, un montón de victorias y de récords, y por supuesto, una parte indispensable de la historia de nuestro deporte. Michael es un hombre que ha vivido y sigue viviendo más allá de los trazados y los Grandes Premios, al que presupongo afanes y preocupaciones muy similares al común de los mortales aunque su aureola de éxito las haya distorsionado a nuestros ojos.

Ese hombre es el que me preocupa, no el ídolo, y es ese ser humano en concreto el que está luchando ahora mismo en condiciones difíciles porque el otro, recordémoslo, colgó los guantes y el casco a finales de 2012.

Antes de ponerme a escribir estas líneas he recordado también al tristemente desaparecido Philip Seymour Hoffman cuando en su impagable interpretación de agente de la CIA en la película Charlie Wilson’s War, le cuenta a Tom Hanks la fábula del maestro Zen para insinuarle que el resultado de las cosas solo se puede conocer con certeza cuando se puede valorar con perspectiva.

El maestro Zen contestaba a cualquier pregunta «el tiempo dirá», y acertaba siempre.

Os leo.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hablar bien no vende en este mundo de morbosos, desde la humildad y la admiracion y respeto k siento por este gran campeon, solo decir k espero su pronta y total recuperacion y como dijo Jean Alesi en su comunicado, espero volver a verlo sentado en un coche d carreras sea el k sea ANIMO CAMPEON!!

Aficionando dijo...

Espero volver a ver al kaiser este año visitando algún circuito en el trascurso de un GP. Aunque le queden secuelas ya se encargará él de reducirlas. Siempre tuvo una gran forma física y no en vano fue el primer piloto en tomarse en serio la preparación física, nada que ver con los pilotos de antaño, cuyos culos no cabían en el cockpitt cuando volvían de las vacaciones (Mansell, Montoya, Hakkinen).

moderato_Dos_josef dijo...

Es una situación triste, pero desde luego debemos conservar las esperanzas siempre...

Un abrazo.