lunes, 30 de abril de 2012

Por ti, Roland


Cuando muera, Dios quiera más tarde que pronto, únicamente pido que alguien, lejos o cerca, deje de lamentarse como manda la liturgia para preguntarse durante un breve instante por qué viví y si lo disfruté. Si por fortuna ese alguien o aún otro, con el paso del tiempo sigue recordándome, le pediría encarecidamente que brindara por mí y se dejara de monsergas salvo que tuviera respuesta a las preguntas de mi primer párrafo y supiera entresacar de ella alguna consecuencia que sirviera realmente de algo a los que dejé detrás.

Tal que un 30 de abril de hace dieciocho años, Roland Ratzenberger perdía la vida al estrellar su vehículo contra las protecciones de la curva Villeneuve en el circuito de Imola, unas horas después de que Barrichello estuviera a punto de hacerlo en la Variante Bassa, y unos centeranes de metros por delante de Tamburello, el mítico y rapidísimo giro a izquierdas donde el rey de reyes de la velocidad, Senna, dejaría de existir al día siguiente, al comienzo mismo de la vuelta siete del Gran Premio de San Marino de 1994.

Variante Bassa, Villeneuve y Tamburello sufrieron modificaciones de cara al año siguiente. También lo hicieron las normas que atendían a la seguridad pasiva de los monoplazas y a la que debían ofrecer los circuitos, y aunque el HANS tardaría todavía unos años en mejorarla aún más, lo cierto es que aquella tragedia que comenzaba el viernes con el accidente de Rubinho y se cerraba el domingo con el de Ayrton, supuso un antes y un después en la historia de nuestro deporte, al que gracias a Dios muchos pilotos deben el poder seguir contándolo.

No obstante, los tres accidentes se originaron en curvas. Si bien es verdad que Tamburello era por aquél entonces sumamente abierta y por tanto rapidísima, Villeneuve no lo era tanto, aunque convenía tomarla a sabrosa velocidad para abordar con cierta soltura la reducción de marchas a la que obligaba el paso por el vértice de Tosa.

Ratzenberger, un piloto que podría ser descirto como profesional con un ni fú ni fá por muchos, fue escrupulosamente consecuente al llevar al límite su vehículo para tratar de compensar las décimas que iba a perder su Simtek a la salida de la siguiente curva, Tosa, ¿cómo no? Se trataba de calificar lo más arriba posible y Roland asumió el riesgo enfrentándose a la peor cara de este deporte. El asunto consistía en exprimir la ventaja de una aerodinámica que pegaba los monoplazas al suelo a su paso por las zonas viradas de los circuitos, pero algo falló, como había fallado en el Jordan de Barrichello el día anterior, de igual manera que fallaría en el Williams de Senna al día siguiente.

Como decía más arriba, las mejoras en materia de seguridad nos permiten disfrutar de tiempos ciertamente tranquilos, es cierto, aunque siga sin resolverse la ecuación que ha convertido a la aerodinámica en la prima donna de nuestro deporte por aquello de que resulta mucho más rentable invertir en ella que hacerlo en inventar soluciones menos peligrosas, aunque no por ello menos resultonas.

Aquel fatídico fin de semana de 1994 nos ha granjeado una etapa bastante dilatada en la que los accidentes fatales nos han dado una tregua, pero mientras sigue sin resolverse cómo hacer para que los coches dejen de comportarse como aviones cuando pierden apoyo, no estaremos haciendo otra cosa que mirar hacia otro lado en tanto en cuanto la F1 pierde lentamente su sentido y esperamos a que la espada de Damocles que mantenemos permisivamente sobre nuestras cabezas, vuelva a darnos otro susto del que tal vez no nos repongamos, Dios quiera que me equivoque.

Sopeso una vez más lo sencillo que resultaría limitar la aerodinámica para reducir con ello la velocidad de paso por curva y sus riesgos. Reflexiono sobre la cantidad de energía que gasta la FIA en poner tiritas o en diseñar escapatorias por las que es incluso posible adelantar. Casi sostengo en mis manos aquella bandera austriaca que Ayrton llevaba en su habitáculo y con la que de haber concluido la carrera en la que perdió la vida, habría homenajeado a un tipo del que sabía al menos por qué había vivido...

Pienso en ese casco de Roland después del golpe, que parece buscar sin querer el equilibrio hasta encontrarlo con una dulzura que hiela la sangre, mientras intuyo en su interior la enorme grandeza que reside en toda injusta derrota, y ¿por qué no?, en lo poco que en definitiva importan las fechas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Barrichello n o se la pegó en Tamburello!
Furilo

Jose Tellaetxe Isusi [Orroe] dijo...

Furilo ;) Gracias por estar al tanto, ya está corregido ;)

Un abrazote

Jose