domingo, 8 de septiembre de 2013

¿Quién silba?


Ya en Hungría le tocó a Sebastian aguantar algunos pitidos que se abrían paso entre los vítores y aplausos de sus seguidores, hasta el punto de que Martin Brundle, encargado a finales de julio pasado de entrevistar a los hombres del podio, quiso suavizar la situación recordando al alemán que aun siendo tercero, contaba con mucho cariño. En Bélgica volvieron a escucharse, aunque aquella vez se sospechó que se debían a la presencia de una activista de Greenpeace sobre el stand que protege a los ganadores y a las autoridades durante la entrega de premios… Esta tarde ha vuelto a ocurrir en Monza, pero como estamos en territorio Ferrari…

No es la primera vez ni será la última en que a un piloto le silban o pitan, no es extraño por tanto, que suceda, aunque me sorprende que mi atención por tan agudos sonidos haya ido creciendo conforme voy viendo a Vettel con peor cara.

Estoy preparando la crónica del Gran Premio de Italia para Diariomotor y sigo dándole vueltas. El tricampeón del mundo más joven de la historia, el matarécords por antonomasia no está disfrutando de esta temporada. La cosa aquella de la Multi 21 en Malasia tuvo más calado del que hemos imaginado en este chaval que cada día que pasa se convierte más en el fantasma del paddock, en un apestado que busca protección en la seguridad de su círculo íntimo de centuriones tuertos, mancos y cojos, sordos y mudos, porque salvo a la hora de la foto (con algunos colegas ni eso), da la sensación de que nadie quiere ni siquiera rozarlo.

Hace unos meses hablé de ese nuevo enfoque que se estaba dando a la figura de Sebastian [El faro de las tormentas] y esbocé lo que a mi modo de ver era un error supino alimentado desde el entorno del alemán. Esto va para adelante y cada vez me ratifico más en ello, porque la soledad de Vettel tiene que quemarle un rato, al menos hasta el punto de que los pitidos y los silbidos le hieran la carne.

En líneas generales no soy partidario de escenificar el rechazo a nadie pitándole. Me gustan los argumentos y a ellos suelo recurrir incluso para atizar a quien se me ponga delante y me mire torvo. Dicho lo cual, Sebastian me parece un piloto grandioso al que sin embargo me gustaría ver crecer y no a través de una urna de cristal, embalsamado en ese sarcófago con el que me viene aburriendo desde 2010 y que atiende al nombre de Red Bull. Le intuyo un montón de cualidades como piloto que al paso que vamos no veré nunca, y eso me jode profundamente porque siento que como aficionado me estoy perdiendo algo que me gustaría disfrutar antes de desaparecer del todo, como lágrimas en la lluvia.

Esta tarde, Vettel ha subido al podio de Monza protegido por Adrian Newey, y lo que en otro momento me podría haber parecido incluso una falta de respeto a los tifosi, hoy se me ha insinuado como el único camino posible para evitar que la soledad de encontrarse cara a cara con Fernando Alonso, Mark Webber y el público italiano, pudiera hacer mella en un ser humano como nosotros, demasiado infantil a veces pero sublime cuando corre desde la pole y no se le escucha por la radio, que de otra forma, a lo peor se habría derrumbado interpretando un papel que seamos sinceros, podrá irle muy bien a Helmut Marko pero no encaja con ese Seb que aflora genuinamente en su mirada para no entender por qué le pitan.

¿Quién silba? Sinceramente me gustaría pensar que quien silba es él.

2 comentarios:

Interlagos dijo...

Yo me quedo con el coro general: "Alonso, Alonso,..."

Demuestra a las claras que, pese a los intentos de cierta prensa y de la realización de la FOM por enturbiar el binomio Ferrari-Alonso, los aficionados de verdad están con el piloto que ha salvado el culo de Ferrari los últimos cuatro años, y que lucha en condiciones bastante desiguales con otro grandísimo piloto.

Un abrazo!

Manolo Flores dijo...

Ante todo felicidades por el blog. A mi me gusto la escena en la antesala del podio, la complicidad entre Webber, que llega el último, y Alonso, comentando y bromeando sobre su lucha particular y Vettel solo mirando al público por la ventana