sábado, 30 de marzo de 2013

Dream a little dream of me


Naces para que vaya pasando el tiempo, de manera que conforme éste va pasando, te conviertes en otro hasta que ya no hay nada que hacer, imagino, que aún no lo he visto. Te miras en el espejo y no hay tu tía, cana aquí arruguita allá, te sientes el mismo que calzaba pantalones cortos y seguía a las chavalas y no tan chavalas por la calle, esperando que el aire, con algo de fortuna las levantara la falda.

Creces, te transformas, pero sigues siendo el mismo o al menos sintiéndote el mismo, es un decir, aunque hay cosas que no cambian, como la forma en que te miras en algunos.

Mis algunos fueron en inicio unos tipos que llevaban casco, como sabéis. Mi impronta se labró al ver uno blanco inmaculado ceñido con cinta escocesa. Pronto descubrí otro negro zahino que llevaba dos Ickx anacarados pintados en sus flancos, y me enamoré, claro; tanto como para volver la espalda a Tyrrell (sólo un rato, tampoco os creáis) y pensar en jurar amor eterno a la máquina rossa que conducía el belga de los demonios y apellido tan raro. Una cosa lleva a la otra y descubrí pronto que uno de flandes, un flamenco de los de toda la vida, de los de Pérez-Reverte, vamos, no podía desperciciar su existencia descansando sus posaderas y manos en una Ferrari, total, que me pasé a los monoplazas, mayormente a los de La Scuderia.

Pero volvieron a mi vida los cascos, esta vez integrales, en especial uno naranja con vitola negra en el que ponía Labatt en el frente, que para colmo destacó sólo en la de Il Cavallino Rampante; y también otro blanco pero con careta azul mediterráneo, a cuyos lados se dibujaba un Alain Prost que fue creciendo hasta convertirse en el del único tetracampeón del mundo que hemos tenido. Por fortuna para mí, el propietario de este último recaló en la Ferrari del anterior, aunque al contrario de Ickx y de éste, su historia en la de Maranello fue la de un arcángel bailando tango con un armario.

Renuncié y fui renunciado. Amé y fui desamado, pero puntualmente, sano es admitirlo. Tuve novias que no supe o pude alimentar, amores que fueron pozos de alegría y penumbra, como los que mantuve con Elio, Michele o con Jean, y cuando pensaba que todo era rosso corsa by Michael Schumacher y que mi historia había terminado, llegó otro casco que me rescató de las tinieblas en 2003, sin importarme demasiado qué coche conducía.

Estoy haciendo repaso como si no me fuera a levantar mañana, que lo haré, y sé que lo habéis percibido desde el primer párrafo, pero es sábado santo y esta madrugada, los ladrones que se nos quedan todo nos robarán una hora de ésas que nos hacen tanta falta a los que sostenemos el mundo, y pienso en cómo han cambiado los cascos de mi vida, en cómo ha cambiado mi vida entera, hasta el punto de que ahora me conformo con verlos rodar sin esperar nada a cambio. Amarillo naranja (el de Nico es amarillo limón, por si no lo sabíais); amarillo neutro con banda española y corona azul; y negro Darth Vader con galimatías bárbaras como decoración... Ellos, y The Mamas & the Papas.

Dream a little dream of me...

1 comentario:

Aficionando dijo...

¿Será verdad que Bianchi es el nuevo piloto a seguir? Desde luego es meritoria la carrera que hizo en Sepang y aún más los tiempos de clasificación: a menos de tres décimas de un Williams y un Toro Rosso.