jueves, 21 de abril de 2011

1952-53, Alberto Ascari


El tercer campeón de F1 y el primer bicampeón de la máxima expresión del automovilismo deportivo (1952 y 1953), coinciden en la persona de Alberto Ascari, y no por casualidad.

Alberto era hijo de Antonio Ascari, el as italiano del volante, quien murió a la edad de 37 años en el circuito de Linás (1926) cuando el chiquillo contaba tan sólo 7. La herencia de haber pertenecido al linaje de un hombre tan aclamado y querido le marcaría toda la vida.

Nacido en Milán el 13 de julio de 1918, el joven Ascari se iniciaba en el mundo del motor corriendo en motocicletas, como harían otros muchos de la época, disciplina en la que destacó por su tosquedad, arrojo y fanfarronería. Sin embargo, poco antes de que Italia interviniera en la II Guerra Mundial (10 de junio de 1940), paladeaba las cuatro ruedas a bordo de uno de los dos Ferrari 815 oficiales que Il Commendatore había inscrito en las Mille Miglia (el otro lo conduciría Lotario Rangoni), sentenciando así su futuro.

El conflicto atempera las facultades de Alberto y le da el aspecto redondeado con que le recordamos hoy en día. En 1947, en Egipto, vuelve a ponerse a los mandos de un vehículo de competición (Maserati), consiguiendo su primera victoria ese mismo año —empañada por haberla logrado en Módena, en la trístemente célebre edición en que Giovanni Bracco se salió de la pista matando a varios espectadores—. Treinta y seis carreras después (contadas entre monoplazas y sport), en las que Ascari había ido demostrando poco a poco que es capaz de pulirse hasta destacar su auténtica clase, Enzo Ferrari firma con él un contrato que le vinculará desde 1949 a la de Maranello.

Debuta oficialmente en Fórmula 2 con Ferrari, el 12 de junio, en el circuito de Bari, y será en el G.P. de Suiza cuando venza en la máxima categoría, mostrando claramente cuál va a ser su auténtico estilo, el estilo Ascari, el estilo de Ciccio, apodo con el que se le denominaba cariñosamente por su serenidad al volante: alcanzar la cabeza lo antes posible para evitar los engorrosos adelantamientos, y marcar las distancias desde prácticamente el comienzo de la prueba (como décadas más tarde haría Ayrton Senna), pero será el 11 de septiembre, en Monza, cuando el piloto se consagra en el mismo trazado en que venció Antonio, su padre, en 1924, cuando él contaba apenas cinco años.

En 1950, en el recién estrenado Campeonato del Mundo de F1, Ascari se encuentra con el único hombre sobre la tierra capaz de hacerle sombra: Juan Manuel Fangio, aunque el título se lo llevaría Nino Farina. En 1951, el Chueco y Alberto llegan empatados a la última prueba, el G.P. de España, después de que el italiano hubiera ganado en Nürburgring y Monza, pero vence el argentino.

1952 es su año. Alfa Romeo se ha retirado y Maserati ha vuelto precisamente con Fangio a los mandos. Ascari impone su magia y gana todas las pruebas menos el G.P. de Suiza, a la que no se presenta por haber dedicido correr en Indianápolis (500 millas). Además, consigue la vuelta rápida en todas en las carreras en que participa, aunque en el G.P. de Italia, escenario donde el Chueco sufre un brutal accidente, comparte el punto extra con José Frolián González por haber conseguido ambos marcar el mismo tiempo: 2 minutos, 6 segundos y 1 décima.

Buena parte del éxito de Ciccio durante la temporada en la que consigue su primer título la tiene el cambio de reglamento. Ante las reticencias de las grandes marcas para implicarse en el casi recién inaugurado campeonato, el organismo rector recurre para 1952 a una reducción de cilindrada (de 4,5 litros a 2) que permite que los F2 compitan en la máxima categoría, situación que se prolongará hasta 1953. Ferrari dispone de una amplia experiencia en la disciplina menor y su 500 F2 es una máquina dócil a la vez que veloz, que aunque no puede empañar las prestaciones en velocidad punta de los Maserati, se ajusta como un guante de gamuza a la forma de conducir del piloto milanés.

En 1953, con una evolución del mismo vehículo usado la temporada anterior, la consecución del bicampeonato resulta más complicada porque Fangio se lo pone muy difícil. Alberto gana cinco de las nueve pruebas, puntúa en dos de las restantes y en Italia pierde toda opción al encontrar una mancha de aceite sobre el asfalto, pero aún así, consigue ganar su segundo título.

A finales de ese año, Ferrari rescinde su contrato con Ascari porque éste ha decidido comenzar a correr con Lancia reclamado por Vittorio Jano, el diseñador del Alfa Romeo P2 que condujo su padre. La F1 ha vuelto a ser lo que era tras el intervalo normativo, pero la puesta a punto del nuevo monoplaza arroja multitud de sinsabores y quebraderos de cabeza durante 1954, y retrasos, hasta el punto de que sólo puede debutar con el Lancia D50 en el último Gran Premio de la temporada, el de España.

En 1955 el monoplaza está totalmente preparado y Ascari también. El de Milán inicia la sesión con un abandono en Argentina. En Mónaco, la segunda prueba puntuable, toma la salida custodiado en la primera línea por los dos Mercedes W196 de Fangio y Moss. Tras sendas roturas sufridas por los coches del argentino y el británico, Alberto vuela solo hacia la victoria, pero en el giro 81 cae al agua del puerto con su monoplaza al sortear pasado de velocidad la chicane, consiguiendo salir del percance prácticamente ileso.

De regreso a Milán, es llamado por Castellotti (amigo y discípulo) para que asista a la prueba de un Ferrari Sport que participaría en los 1.000 Kilómetros de Monza el domingo siguiente. Atiende la llamada y se presenta en el circuito italiano el jueves de esa misma semana.

Es 26 de mayo y los relojes van a dar la una de la tarde. Tal vez por quitarse de encima el amargo sabor de lo sucedido en Mónaco, solicita que le dejen dar unas vueltas, petición que nadie le niega. Alberto gira una vez con la corbata al viento, sin casco, embutido en una camisa azurra, el color que más le gusta y que le ha acompañado siempre. Gira por segunda vez en el templo de la velocidad pero jamás termina la tercera vuelta porque el Ferrari responde mal al paso por El Curvone y sucede el desastre.

Ascari muere a la misma edad que su padre, 37 años, y con él desaparece la primera leyenda que ha dado la F1 desde que se instauró el Campeonato Mundial.

4 comentarios:

José Luis dijo...

Pusieron su nombre a esa fatídica curva; no me queda claro si su muerte se debió a un exceso de velocidad, una falta de preparación o un fallo mecánico, pero resulta curioso el paralelismo entre su accidente mortal y el de su padre: misma edad, mismo día del mes...

F-1 A.L.C. dijo...

no sabía eso de que murió el mismo mes y con al misma edad que su padre. Fué de él que Fangio dijo que tenía un caracter tan insoportable cuanto su genialidad en las pistas?

manuel dijo...

Excelente post. En el accidente de Mónaco sólo se rompió la nariz.

En la película Grand Prix se reproduce el accidente.

Jose Tellaetxe Isusi [Orroe] dijo...

Buenos días.

Poco a poco voy poniendo en limpio el blog XDDDD Mis disculpas por esta pequeña tardanza en contestar ;P

José Luis ;) No hubo testigos y eso hizo que la leyenda que envolvió su desaparición fuese aún más enigmática ;)

Luis ;) Murió el mismo día, pero no del mismo mes. Antonio falleció en julio y Alberto en mayo, pero sí que a la misma edad: 37.

Creo que sí, a Fangio le resultaba un tipo algo enervante pues a Ascari siempre le rodeó un aura que el chueco no compartía ;)

Manuel ;) Sí, en Grand Prix retratan el accidente de Mónaco aunque desfasado de época :P

Un abrazote

Jose