jueves, 7 de abril de 2011

El viento


Ésta que estáis leyendo hace la entrada número 910 de esta bitácora repleta de mensajes embotellados con la esperanza de que alguien, en algún lugar, diera con ellos. Hoy, si lo digo sinceramente, no me apetecía escribir, y si me he puesto a ello ha sido por arrebatarle unos miserables segundos a ese hijo de su madre que siento que se me escapa entre los dedos cada vez más deprisa y más deprisa. A fin y a cuentas, quién sabe a ciencia cierta si estará aquí mañana, así, como está a estas mismas horas, con sus mismas virtudes y errores a cuestas.

En unas horas empieza el auténtico circo, el de los locos que sintetizan el tiempo acortando las distancias que recorren sobre la pista los monoplazas que conducen, y en cierto modo desearía sentirme como ellos.

Reducir a la nada el ruido ambiental que nos rodea tiene que ser una auténtica maravilla, y los pilotos lo consiguen y yo siento la necesidad de compartir esa experiencia. Concentrarse hasta no ver nada más allá de lo que el cerebro ha decidido percibir, sentirse liviano y poderoso a partes iguales, ser capaz de exprimir cada segundo como si fuese una eternidad o el último que nos ha tocado en suerte vivir. Daría todo lo que tengo por ser cómplice del viento...

En unas horas comienza esto que nos gusta tanto. Lo de Melbourne ya es historia y sólo cuenta Malasia porque mal que nos empeñemos en creer lo contrario, ya habrá tiempo al final del campeonato para echar las cuentas, para asumir si lo vivido ha sido realmente tan negativo o positivo como pensamos ahora. Malasia es el horizonte nuevo, no nos engañemos, la promesa, el sinsentir que nos hará levantar temprano el domingo como si fuésemos críos en un día de reyes, o como si fuésemos adultos, que conozco alguno que se sigue alegrando cada mañana sencillamente porque amanece o porque ve volar pájaros, o porque el aire llena todavía sus pulmones.

Hay podio para nuestro asturiano. Puedo olerlo. Y no le envidio ni a él ni a los que ocuparán lo más alto del cajón por lo que puedan conseguir, sino porque parecen haber encontrado la felicidad precisamente buscándola durante lo que dura la carrera, disfrutando de cada paso hasta ella, como diría Punset, superando cada escollo, destilando cada milésima de segundo sobre el trazado como si la vida fuese sólo eso: un instante que merece la pena ser atesorado por lo que significa realmente, sin que haga falta mirar atrás ni sentir necesidad de hacerlo hacia adelante.

5 comentarios:

FON dijo...

Tus temas son siempre una buena fragancia.
La mejor poesía aplicada a la Formula 1.
Ya quisieramos todos poder escribir como tú.
Respecto a la entrada solo hay dos formas de sentir esa sensación en manos del viento: O eres un genial piloto con suerte, talento y patrocinadores o un principe arabe podre de millones al que le resbala completamente pagarse una vuelta en un F1 para estamparlo en medio del desierto.
Y que Dios te conserve el olfato y sea verdad que se sube al podio.
Un abrazo.

silvo dijo...

Ya lo tenemos aquí, vamos a disfrutar del espectáculo, saludos

Tadeo dijo...

Buscad la belleza en lo mas pequeño, seguro que la encontrais en cualquier sitio y en cualquier situación.

Gracias Jose, he asumido como mio el mensaje.

Saludos

Martín Herzog dijo...

Grande, Orroe!

Jose Tellaetxe Isusi [Orroe] dijo...

Buenos días.

Fon ;) XDDDDDDDDDD La vena literaria me puede XDDDD ¡Gracias, compañero! ;)

Silvo ;) Sí, ya está aquí y ya tenemos temas abundantes de los que hablar :P

Tadeo ;) El mensaje es universal: soñar es gratis, y poner la espalda a la sombra de los sueños para seguir caminando, también ;)

Martín ;) ¡Gracias!

Un abrazote

Jose