viernes, 10 de febrero de 2017

Viejos vicios


Doy por descontado que Red Bull está detrás de la ocurrencia que ha tenido Franz Tost de sugerir que se congelen los desarrollos de las unidades de potencia Mercedes-Benz. El austriaco parece buen hombre, demasiado servil para mi gusto, pero no le arrogo ser tan gilipuertas como para proferir tamaña tontería en un año en el cual el desarrollo de los motores no tiene límites confesables y en el que acaba de desembarcar Liberty para arreglarlo todo.

Hay política detrás de su insinuación, me juego la mano con que dibujo. Y puesto que ya nos conocemos todos, a Tost le ha tocado hacer de aldeano que tira la piedra y esconde la mano, para que la recoja herr doktor Marko, seguramente, y con ella comience a ponernos la cabeza como un bombo. Quién sabe si amenazando con que Milton Keynes y Faenza se retiran de la competición como no haya más igualdad en la parrilla.

Lo cierto es que de rondón, todo esto pone con el culo al aire a Renault, pero ¡oye!, a Brackley hay que meterle el dedo en salva sea la parte como sea, tal vez con la ilusión de que suene la flauta como le ha ocurrido a Ferrari con el asunto del tercer amortiguador...

Y lo cierto, también, es que este tipo de actitudes delatan que la cultura que gobierna en la actualidad nuestro deporte está tan afincada en los viejos vicios, que no produce ningún rubor intentarlo de nuevo aunque el maestro de marionetas ya no esté para vigilar que los grandes sigan en su sitio, impartiendo lecciones de deportividad mientras aprovechan cualquier resquicio para asegurarse la ventaja que tienen con sus directos rivales y, por supuesto, con los parias de la parrilla.

Red Bull, como entramado, no es precisamente la más adecuada para quejarse de nada. Lo comentaba ayer: cuatro coches con cuatro pilotos, que podrían ser seis y seis si hiciera falta. Y Toro Rosso en particular, aún menos, porque cuando ha tenido posibilidades de demostrar que está en F1 para superarse competitivamente hablando, ha venido a demostrar que sólo está aquí para echar una leal manita a quien le paga las nóminas.

Sea como fuere, cabe recordarle a Tost que existe un reglamento consensuado y un Grupo de Estrategia que define las líneas maestras técnicas de la competición, en el que, curiosamente, tiene mando en plaza Red Bull, y que si realmente se pretende modificar las cosas es mejor empezar por los cimientos que por el tejado.

La igualdad en Fórmula 1 no existe porque no tiene cabida y no ha existido nunca. Y si se reclama, es, seguramente, porque existen otras parcelas en las que la desigualdad camina sobre las aguas sin levantar sospechas.

Honestamente pienso que el jefe de Faenza no está en ese juego, aunque no me extrañaría nada que sí lo esté jugando quien le ha animado a insinuar que el mundo sería más bonito si se congelase el desarrollo de los motores Mercedes-Benz, porque la experiencia de Red Bull en este campo es sencillamente asombrosa, amén de generosa en cartas marcadas.

Os leo.