Me he ido notando espeso conforme iba pasando la tarde, sin razón aparente, si acaso por ese tipo de porquesí típicamente estacional que acostumbra a asaltarme en primavera cuando no sé de qué demonios hablar. Pero la extraña sensación se ha disipado en cuanto he echado una ojeada por ahí, porque quitando algún eco reverberante sobre Michael Schumacher, tres o cuatro sentencias sobre Red Bull o Sebastian Vettel, y algún pasapalabra que tiene a mi Felipe como centro de atención, tengo que reconocer que aquellos quince días que pronosticaba tremendos hace nada, se han quedado en pólvora mojada a la vuelta de la esquina de la séptima jornada posterior al G.P. de Malasia.
Con el espíritu algo más sereno por saberme náufrago entre náufragos, me he topado con la enésima reflexión poética de Lewis Hamilton, hallándome a la sazón haciendo pie en ella para armar la entrada de hoy, porque sus palabras me han recordado aquel aciago G.P. de China donde a Ron Dennis se le escapó que McLaren luchaba contra Fernando.









