lunes, 1 de abril de 2019

Las nuevas vidas


Existe algo salvífico en todo empezar de nuevo, de cero o casi, en dejar atrás la pesada mochila que te ha acompañado haciéndose grande y más grande, y también más pesada...

El sobrevalorado Kimi disfrutaba ayer en Sakhir y nos dejaba participar de su aventura feliz como un chiquillo al que todo le importa un pimiento, aunque, pensándolo bien, al finlandés a lo mejor le importa la vida mucho más que a todos nosotros juntos y ser piloto no es otra cosa que una de sus aficiones preferidas.

No creo que le lastime demasiado que Charles bese y acaricie tan suave o más las curvas. En Alfa Romeo, Iceman ha encontrado una nueva habitación repleta de juguetes y se está dedicando en cuerpo y alma a conocer cómo funcionan y para qué sirven. Nadie lo ha llamado para que resuelva nada ni para que apriete a un compañero y todo es tan diferente aquí que Ferrari va quedando más y más lejos.

La de Hinwil está más atrás de lo que pareció en Bahrein, pero cuenta con nuestro querubín rubio y si él abre esa puerta que suele empujar a veces, todo parece mucho más sencillo de lo que es en realidad.

Despliega sus alas y vuela bajo y rápido, y tal es así que donde otros conducen Kimi da la sensación de que fluye —bueno, ahora está también Leclerc, pero como decía más arriba, doy por seguro que a nuestro protagonista no le quita el sueño—. ¿Pensaba en Robin, en Rianna, en las yemas de los dedos y los labios de Minttu...? Da un poco lo mismo. Kimi era el de siempre y a la vez tan distinto, que todo carecía de importancia mientras lo pasaba bien sobre su C38 y lo llevaba hasta un puesto en el que muy pocos creían al comienzo de la carrera.

Por esas cosas que tiene la magia, ayer todo fue suavidad en el coche número 7.

Descalzo, pisando sin hacer ruido la superfice del asfalto, Raikkonen luchaba a su manera por un premio que no alcanzamos a comprender y al final lo conseguía. 10 puntos tiene Alfa Romeo y 10 son los que acumula el sobrevalorado entre Melbourne y Sakhir, y que el dios de los los hielos le proteja y le permita continuar disfrutando en pista, siquiera para que cuatro bobos, entre los que me encuentro, sigamos festejando con él que hay vida más allá de las sentencias que se vierten en los medios, y, por supuesto, que Iceman haya decidido aprovechar tan magnífico regalo...

Os leo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues no sé. Ha quedado para instructor en la escuela de jóvenes talentos de Ferrari. Para conejillo de indias a la hora de de probar algún flap o difusor, para la casa madre.

No sé. Yo veo a un oficinista que va a fichar, a ganar un salario (uno muy bueno). La misma motivación.

Te compro el argumento, si me reconoces que Alonso se monda los dientes con sus huesos. En una F1 emocionante y justa, hecha para pilotos de verdad y no para escuderías cartelizadas, ese lugar lo debería ocupar alguno con mejor sangre.

Unknown dijo...

Suscribo, y rematando a tan acerado objeto del comentado, que hay tan pocas cosas desvaloradas en la vida, y más en la de un piloto de F1 y más en la de nuestro bienaventurado Kimmi Matías, que el de sentarse a hacerse feliz como una lombriz, haciendo lo que se supone hace feliz, y después, sólo después de hacer del día propósito, las uñas negras de la realidad arañan.