domingo, 11 de octubre de 2009

Viaje a Ixtlán


Transcurre este domingo con una parsimonia enajenante, como si uno viajara en el asiento de atrás de un coche que parece ir a ninguna parte. Así las cosas, por matar el rato me ha dado por echar la vista atrás, y es que cuando no hay noticias sabrosas que llevarme a la boca, acostumbro a refugiarme en mis recuerdos como un niño en los brazos de su madre. Por asesinar el rato, decía, me ha dado por pensar en aquellos años en que ya vivía pero en los que no tenía noción de que lo hacía. No es que me agobie el pretérito perfecto o pluscuamperfecto, ni que tienda a recrearme excesivamente en él, pero es cierto que mirándolo a la cara descubro cosas que he pasado por alto y que me resultan ahora imprescindibles.

El otro día, sin ir más lejos, un amigo me enviaba por correo electrónico la imagen de un Ferrari GTO de 1963, y recordé de inmediato que sus líneas redondeadas y el color rojo de su carrocería me inclinaron a decorar con su imagen una carpeta —mi primera carpeta adolescente, de aquellas azules que se aseguraban con gomas elásticas—, recortándola de una vieja revista que guardaba en casa desde tiempo inmemorial. Mis compañeros en Menesianos iban de largo, con fotografías de chicas (vestidas, advierto), o del Athletic, pero yo ya mostraba maneras haciendo ostentación de un vehículo que me había alimentado sensaciones indescriptibles cuando andaba yo aún verde en esto; claro que ellos llevaban Levi’s 501 (arrasaban) y yo me apañaba con Lois, y cuando podía.

No me enrollo. El GTO, uno de los coches más hermosos que han existido jamás, vio la luz en 1962 y me enamoré de él a muy temprana edad, como he dicho, incluso antes de que me encandilaran las carreras y me animara a mostrar al mundo que lo mío eran los circuitos, la competición y los trastos bonitos (guardo como oro en paño la carpeta que utilicé en Bellas Artes y que merecería una entrada aparte).

Aunque han pasado mucho tiempo y muchas peripecias vitales, reconozco que ver de nuevo aquella bestia increíble me sigue produciendo idénticas sensaciones a las que sentí… ¿Qué hacía yo en 1962? Buena pregunta. Posiblemente crecía en lo que es ahora un barrio de Santurce, Cabieces (nos trasladamos a la que fue mi segunda patria cuando yo tenía 4 años), jugando a ser jinete sobre un caballito de cartón en el patio, soñando con ser mayor y con comerme el mundo, ajeno a que en el otro lado del universo veía la luz una de las mayores obras maestras sobre ruedas que ha conocido el ser humano, un hecho circunstancial y anecdótico que a la edad de 50 años me recuerda que buscar la belleza es lo único importante (la frase es de Ramón Trecet) y lo que realmente merece la pena (ésta es mía), y que he tenido la bendita suerte de haberme topado con ella unas cuantas veces, habiéndola reconocido para apropiármela sin cortarme un pelo.

¿Qué hacía en 1962? En Ixtlán la vida era tranquila mientras Graham Hill ganaba el campeonato del mundo de F1 a bordo de un BRM P51; mientras Olivier Gendebien y Phil Hill triunfaban en Le Mans con un Ferrari 330 TRi/LM Spyder; o mientras Erik Carlsson y Gunnar Häggbom se llevaban el Rallye de Montecarlo con un Saab 96… No sé, seguro que no me enteraba de lo que ocurría fuera de mi pequeño universo, pero fijo que intuía que llegaría un tiempo en que paladearía aquella cosecha que me quedaba tan a desmano, y que sólo debería esperar a que todo transcurriera con la naturalidad de siempre para disfrutarla como hago ahora.

Hacerse viejo tiene también estas cosas.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Por Dios. Ese es EL COCHE. ¿Se ha fabricado algo después, o qué?
Sanreza Forever

Rafael dijo...

¡¡¡Que bellezón!!!!
No me atrevo a decir nada más.
Rafael

Orroe dijo...

Buenos días.

Sanreza ;) Sí, es el coche, aunque hay otra pieza maestra que m gusta un poquito más, el TR de 1958, pero como me quedaba fuera de campo (nací en el 59), como que lo dejaré para otro día XDDDDD

Rafael ;) Es una preciosidad, sí que lo es ;)

Un abrazote

Jose

Tadeo dijo...

Buenos días

Reconozco que no soy un Ferrarista como vosotros, Ferrarista en sentido puro me refiero. Un Ferrarista empieza en la F1 y acaba con estas bellezas procedentes de Maranello. Lo mio es en sentido inverso, empiezo por las obras de Maranello pero me quedo ahí, nunca he seguido a un equipo de F1, siempre a un piloto.

Vi mi primer Ferrari a finales del año 81 y recuerdo que se me pusieron los pelos de punta. Fue en Alzira, y no hace falta que os diga quien era el dueño. En un país como el nuestro de aquella época lleno de Renault 5 y de SEAT 127, ver un Ferrari era algo que nos traía locos a todos.

El segundo que vi, también fue en Alzira, unos años más tarde cuando Aspar fue campeón del mundo, y después de más de un año de espera, se compró un 328.

A partir de ahí, el país cambió y empezaron a ser algo más común, aunque no usual. Ya no le damos al claxon cuando nos cruzamos con uno en la carretera, aunque me quedo con las ganas.

A pesar de ello, la ilustración de Orroe, me ha vuelto a poner los pelos de punta...

Saludos
PD: añade a la colección el F40

Orroe dijo...

Buenas tardes ;)

Me gustan las líneas afiladas, pero nada como la voluptuosidad de formas de los vehículos de los 50 y 60, que están siendo rescatadas para los nuevos Ferrari ;)

Un abrazote

Jose

Ovi dijo...

Gran blog. Me encanta. Yo también tengo uno. Me gustaría que te pasaras. Te pongo en mi blog. Un saludo.

Lola dijo...

Pues sí, recuerdos como esos nos hacen sentir viejos (aunque yo no había nacido en el 62), pero qué bonito es tener recuerdos, y más si es un recuerdo de esa belleza de coche.
Por cierto, que yo tenía poster de coches en mi habitación, y uno de ellos, naturalmente era un ferrari, todavia tengo una foto por ahi mía con una pinta ochontera terrible y la foto de un ferrari detrás de mí.
Lo que os decía, nos volvemos viejos (en mi caso vieja), pero también tiene su encanto.

PiratF1 dijo...

Sin palabras Jose ;)

Después de pensar que en los 60 aquí se iba en 600 e imaginar a alguien capaz de concebir esta maravilla pone los pelos como escarpias.

Saludos

Juan

charly dijo...

No nos hacemos viejos, acumulamos juventud.

Y éstas cosas no es lo que tiene acumular juventud, es la esencia misma de ello.

un fuerte abrazo desde un cálido otoño.

Orroe dijo...

Buenas noches ;)

Ovi ;) Este fin de semana me paso, te lo prometo, y te enlazo ;)

Lola ;) Si no eres de la quinta del 62 porque naciste después, no te llames vieja que la liamos XDDDDD Yo soy del 59, y no veas la que me montaron aquí mismo cuando dije que me estaba haciendo viejo XDDDD Pero sí, lo bonito del paso del tiempo es que quedan recuerdos hermosos para reparar en ellos de vez en cuando ;)

Pirat ;) A eso iba, yo aquí en un barrio periférico y los demás donde tocaba, y en Maranello haciendo estas cosas... ¡mechachis! XDDDD

Charly ;) XDDDDD Me lo apunto XDDDDD Y espérate que termine el coño Quijote, que aprovecho lo que quede del otoño pero como me llamo Jose XDDDDD

Un abrazote

Jose