miércoles, 30 de julio de 2008

Kenny & The Dragon


Tal vez para quitarse la resaca de Hockenheim de encima (lo de las órdenes de equipo y tal, ya sabéis), este pasado fin de semana Ron Dennis decía que «el hijo de Anthony no necesita la ayuda de Heikki para ganar el mundial». La frase viene a sumarse al denodado esfuerzo que realizan en McLaren para que comprendamos de una puñetera vez la esencia de su política de igualdad entre pilotos, como la del visionario Whitmarsh, quien ya nos adelantó en diciembre pasado que «Lewis es ahora [era en aquel entonces] un producto absolutamente fiable. Puede liderar el equipo y ser el talismán que nos lleve a ganar el campeonato», o cualquiera de las vertidas por Norbert Haug desde que ha salido del zulo (de Silvertone para acá), y en especial la última: «Puede darse por hecho que Kovalainen seguirá con nosotros» (en comentario a DPA).

Con las órdenes de equipo prohibidas desde 2003, cabe preguntarse cómo encajan la previsión de liderazgo tan adelantada en el tiempo (¡coño, que la pretemporada ni siquiera había comenzado!), o esta renovación tan contundente y apresurada de un Kovalainen que está a 30 puntos de su compañero con tan solo 10 carreras disputadas (¿qué ocurriría en Ferrari si a estas alturas uno de sus pilotos estuviera a 30 puntos del otro?, ¿y en BMW?), con aquella filosofía de la que hacía gala McLaren el año pasado, y que de manera contumaz enfatizaba que la escudería siempre apostaba por tener auténticos gallos de pelea en sus filas…

domingo, 27 de julio de 2008

La aleta de marras


Aunque mi intención era resaltar la labor de los aficionados, el otro día me congratulaba públicamente de contribuir a la mejora del común acerbo con el asunto de la revolucionaria Aleta de Tiburón, un poco engorilado, para qué negarlo, cuando dos estimables contribuciones me devolvían al suelo del que no debía haber levantado los pies. El caso es que Nikey me recordaba que el diseño del McLaren MP4/10, por época, correspondía a Nigel Oatley y no a Adrian Newey, cosa bien cierta (yo mismo lo había apuntado); y Juan Luis me preguntaba por qué no funcionó en 1995 y ahora sí, y aquí sí que la cagué, y bien cagada (que me perdone el respetable, porque no he encontrado término mejor para describir mi metedura de pata).

Bueno, pues advierto que como compensación a tan mala entrada me he puesto las pilas, y bien puestas que las llevo. El artilugio que no había aplicado Newey (andaba en Williams, y aunque a la greña con Head, estaba en la escudería de Sir Frank, y ése es el hecho cierto), no funcionó en 1995 porque no partía de la misma premisa que el puesto de moda este año por Red Bull, vamos, que el supuesto del que partían ambas propuestas en ningún caso fue ni ha sido el mismo: el McLaren MP4/10 de 1995 alargó su cubrecapot para dar amparo a un segundo alerón de reducidas dimensiones (el feo artilugio era la razón, no la consecuencia, y da fe de ello la segunda intentona sobre el MP4/11), mientras que el alargamiento de la cobertura del snorkel del RB4 busca la redirección del aire hacia el alerón trasero.

jueves, 24 de julio de 2008

X-Files


No deja de tener su gracia que en la antesala del estreno de la película «X-Files; I want to believe», conozcamos que el bueno del hijo de Anthony Hamilton puede no ser el sucesor de Senna bajo la lluvia, o que los recitales de estas dos últimas semanas puedan haberse debido no a la consistencia y madurez ganada desde que el Nano pasó por su lado, sino a una ayudita extra que permite a su coche cambiar de marchas y de mapeado motor a la vez (está por ver si el de Kova disfrutaba del mismo artilugio).

Si el tema hubiera sido destapado por la prensa española o italiana, todavía cabría ponerle algún sesgo malicioso, pero según mis indagaciones y las de mis amigos (¡Diego, Heikki, os debo una!) fue Mark Hughes (Daily Telegraph, y autor de la biografía del hijo de Anthony Hamilton) quien delató el lunes pasado para qué servían las levas suplementarias del volante del inglés. Así las cosas, todo indica que el supuesto ardid se ha podido poner al descubierto.

martes, 22 de julio de 2008

¡Idiota. Engreído!


Que diga que vivimos en un país de idiotas no debería sorprender a nadie. Ahí tenemos a Fernando Alonso, idiota perdido, se tira toda la temporada sacando del lodazal un monoplaza chungo, logrando acabar 8 de 10 carreras, colocándolo en posiciones impensables a tenor de lo conseguido por su compañero Nelson Piquet (no me voy a molestar en reseñar las diferencias), consiguiendo 13 puntos a base de ir sumando, y tras la conclusión del G.P. de Alemania no se le ocurre mejor idea que dejar de felicitar públicamente a Nelson, y contra todo pronóstico, se anima incluso a decir que el triunfo de su compañero de equipo ha sido una «cuestión de suerte».

Sí, ya sé que me diréis que no se le puede pedir demasiado a un hombre que ha trabajado trescientos y pico kilómetros, centímetro a centímetro, peleando con Trulli, con Vettel, con Kimi, con Rosberg, con su puto vehículo… ¡Basta de excusas! Alonso se comportó como un idiota de remate, aunque luego intentara arreglarlo en una entrevista diciendo: «Ojalá haga podios de aquí al final Piquet y hagamos cuartos. Por mí sin problema. Sin suerte sólo podemos terminar séptimo u octavo.»

lunes, 21 de julio de 2008

En tierra de ciegos… el tuerto es rey


Llevo encima una buena dosis de literatura fantástica leída o escuchada sobre el hijo de Anthony Hamilton, y aprovechando un receso en el trabajo (ser autónomo es lo que tiene), voy ha hacer un par de puntualizaciones.

Con la primera trataré de salir al paso de los comentarios que insinúan la valía del británico ahora que Alonso no está a su lado. 

domingo, 20 de julio de 2008

Regreso al futuro (Hockenheim)


Preciosa carrera la de hoy, y harto reveladora. Vayamos con lo bueno primero y dejemos lo lamentable para después.

A falta de los Ferrari, y como viene siendo costumbre, un deslumbrante hijo de Anthony Hamilton ha firmado de principio a fin una excelente participación que podría haber hecho historia, ya que el Gran Premio ha tenido todos los ingredientes que se le puede pedir a la alta competición: salida emocionante (protagonizada esta vez por el polaco Robert Kubica); luchas en la cabeza (pocas, aunque electrizantes, para qué vamos a negarlo); luchas en el pelotón (abundantes, y reseñables la que han mantenido Coulthard y Button en el primer cuarto; la de Trulli, Alonso y Kimi en el mismo periodo; o la de Fernando y Vettel a partir de la mitad); incertidumbres; Safety Car tras el brutal accidente sufrido por Timo Glock al encontrarse sin eje trasero a la salida de la curva de entrada a la recta principal….

sábado, 19 de julio de 2008

Iron Man bajo la lluvia


El otro día, en medio de uno de los innumerables debates que se han organizado a cuenta del supuesto festival dado en Silverstone por el hijo de Anthony Hamilton, leí con estupor a un participante que argumentaba su tesis de que no hace falta saber conducir bajo la lluvia para ser un campeón mundial, con la siguiente frase: «Un tal Alain Prost, con agua cerca, era como un gato; huía de ella...!!»

Vaya por delante que estoy plenamente de acuerdo con el argumento de base, aunque lamento el ejemplo elegido.

viernes, 18 de julio de 2008

Carlos Miquel


Hoy tenía prevista otra entrada sobre un comentario que leí en Box 27 acerca de Alain Prost (de rondón acerca de Fernando Alonso), pero creo que merece la pena retrasarla para salir en defensa de un periodista (sí, habéis leído bien, ¡y mira que les meto varilla!).

El citado blog es una iniciativa de Carlos Miquel [Diario As y Cadena Ser] que desde mi humilde punto de vista no está recibiendo el reconocimiento que merece, y que corre el riesgo de terminar como el rosario de la aurora si nadie lo remedia, toda vez que a él se ha apuntado un grupo de cansaabuelas empeñados en destruirlo, como ha ocurrido con otros tantos lugares públicos cuya descripción y nombre os ahorro.

viernes, 11 de julio de 2008

La aleta de tiburón


Lo que son las cosas, hasta en tres ocasiones he mencionado en este blog el extraño apéndice que llevaba en el capot el fallido MP4/10 de 1995, primer McLaren propulsado por un motor Mercedes. 

Y lo de menos es mi acierto cuando estos días estamos leyendo y escuchando a troche y moche que el supuesto invento de Red Bull se ha impuesto en la parrilla, toda vez que ha comenzado a aplicarlo McLaren en su MP4/23, y ya lo utilizan Toro Rosso, Force India y Renault; y digo que es lo de menos porque como buen coleccionista de miniaturas que soy, con tendencia expresa a las rarezas (a ver si algún día me animo a deleitaros con la cantidad de vehículos que experimentaron con las 6 ruedas, además del Tyrrell P34), mi ventaja en este campo viene a ser como la del hijo de Anthony Hamilton bajo la lluvia: pan comido, amén de tramposa.

martes, 8 de julio de 2008

Donington no es Silverstone


Siguiendo el guión previsto, a estas alturas de la semana ya hemos sufrido una buena dosis de exaltación hamiltoniana, tanta como para decir ¡basta, por Dios, basta! Y como no podía ser de otra manera, para resaltar la supuesta exhibición del hijo de Anthony Hamilton se ha recurrido a compararla con la realizada por Ayrton Senna en Donington Park (1993).

Vaya por delante que soy bastante reacio a establecer comparaciones con otras épocas del automovilismo, pero llegado el caso, toca hacerla, siquiera para desbaratar el argumento. Senna corría aquel año con lo que hoy es un R28, más o menos (para que nos hagamos una idea de lo que daba de sí el MP4/8 que conducía), y todos sus contrincantes estuvieron en la pista para enfrentarse a él en igualdad de condiciones. Como quiera que el bueno de Senna ya había dado recitales parecidos con un trasto (Toleman Hart, Mónaco 1984) y con un coche mediano (Lotus 97T, Estoril 1985), lo suyo es admitir que Magic era «Dios sobre la pista», y dejarlo así.

domingo, 6 de julio de 2008

Regreso al futuro (Silverstone)


Qué queréis que os diga. Tengo un sabor agridulce cuya causa no logro definir. Me ha emocionado la carrera de este mediodía, me ha encantado, ha sido preciosa, ha tenido de todo, pero no me ha gustado que haya ganado el hijo de Anthony Hamilton, o mejor dicho: cómo lo ha hecho.

Llamadme envidioso, incluso rencoroso, o paranoico. Perdonadme el tono ligeramente avinagrado de esta entrada, pero no quiero dejar pasar la oportunidad de ser el primero en llevar la contraria a la marea de alabanzas e insensateces que a buen seguro tendremos que leer y escuchar mañana.