Que no quede alpiste para llevarse a la boca no justifica, en modo alguno, que se haya rescatado a Sebastian para arrastrarlo por el barro siquiera por llenar hueco de noticia, o como se llame ahora a eso.
Cuando un piloto de F1 decide retirarse, continuar o volver, personalmente me merece todos los respetos; si se trata, además, de un campeón que ha marcado una época en nuestro deporte, para bien o para mal, el respeto del que hablo debería suponer una línea roja incluso para los numerosos gilipollas que no han tenido mejor ocurrencia que rescatar a Vettel para jugar con él a ver quién la tiene más larga o resulta más chistoso.