viernes, 22 de enero de 2021

Una vida nueva [22-12-2020]

 
Si hay algo que he respetado siempre es la intencionalidad de los pilotos a la hora de decidir continuar o retirarse, poner un punto y coma a su carrera en F1 o pulsar la tecla del punto final. Me pasó con Michael Schumacher, con Rubens Barrichello, con Mark Webber, etcétera, y aunque aludir a Sebastian Vettel me suele acarrear problemas, hace casi un mes escribí en mi espacio en Graning.es precisamente sobre este asunto y con el alemán como protagonista. El tetracampeón se ha comprado un bonus en Aston Martin, un tiempo extra, y a pesar de que formo parte de los que piensan que no le va a servir de mucho, también es verdad que me gustaría equivocarme.

 

Lo llevamos en los genes. Los aficionados somos así y pocas vueltas cabe dar a esto. Oportunidad que percibimos en el aire y ocasión que no desperdiciamos para ponernos a hacer quinielas…

No soy fan de Vettel, huelga que lo diga. Este año ha sido extraño y, proporcionalmente hablando, he sacudido al alemán bastante menos que otras veces. Razones abundantes ha dado para continuar martirizándolo, obviamente, pero no me ha apetecido castigar unos lomos ya maltrechos ni contribuir, más allá de lo necesario, a esa lástima que ha producido en muchos de nosotros, puesto que un tetracampeón del mundo no merecía terminar su carrera haciendo trompos ni malgastándose intentando conducir un monoplaza que se le ha atragantado.

Es una opinión, desde luego. También supone una actitud personal aunque aquí os dejo a vosotros que saquéis las conclusiones. El caso es que a comienzos de temporada marqué una tregua con el de Heppenheim ya que hasta este mismo diciembre ha sido un hombre de la rossa y, para mí, la gente de Ferrari es muy especial, independientemente de si me gusta o no. Más tarde amplié unilateralmente el cese de hostilidades a la espera de verlo en Aston Martin porque él ha querido continuar y eso se lo respeto a todo piloto en activo.

A partir de este punto entramos en el espinoso campo de las elucubraciones —hay quien lo llama análisis pero prefiero la palabra «elucubración» pues, en realidad, no sabemos absolutamente nada de su futuro desempeño en la de Silverstone—, y me merece la pena señalar que tal y como anda el patio, me temo que desde el exterior se están cometiendo los mismos errores que en el pasado ya que que Vettel no se va a enfrentar en 2021 a éste o aquél, sino a un tío al que conoce a la perfección: él mismo.

Tarde o temprano todos pasamos por el trance de tener que descargar nuestra mochila y Sebastian ha elegido un buen momento para quitarse lastre de encima. Sigue siendo el tetracampeón del mundo 2010 a 2013 pero no ha podido ratificarlo ni en su temporada final en Red Bull ni en su etapa en Ferrari. Concluida ésta, mantiene una espinita clavada y es legítimo, razonable y comprensible, que se la quiera sacar militando en otro entorno, en este caso Aston Martin. Tiene derecho a esa oportunidad y a que se la respetemos, ya que se ha buscado una nueva vida y a día de hoy no sabemos qué tal le irá porque carecemos de datos.

A partir de marzo próximo será otra historia. Yo no albergo muchas esperanzas pero estoy abierto a que me sorprenda.

Vettel no ha olvidado conducir y por aquello de ser honestos, como he comentado en otras ocasiones, repetiré hoy que sus coronas son de más valor que muchas de Lewis Hamilton porque, en su época, hubo más competencia en la parrilla que de 2014 a esta parte —excepción hecha de 2016, año en que el británico dobló la rodilla ante su compañero Rosberg—, y dos de ellas las luchó en las últimas carreras.

Es cierto que todo ha cambiado desde 2013, pero no es menos verdad que si encuentra un monoplaza adecuado y una atmósfera de trabajo que le proporcione la seguridad que precisa, Sebastian puede lograr reivindicarse sin necesidad de que lo alineemos con diferentes rivales (¿enemigos?), circunstancia que no hace otra cosa que desvirtuar su cometido en 2021: volver a ser el que era y quitarse de la boca el mal regusto que le ha dejado su paso por Maranello. Y es que es tan sencillo como que se ha comprado una nueva oportunidad y quiere aprovecharla hasta sus últimas consecuencias. 

Podemos entenderlo o podemos liarnos la manta a la cabeza exigiéndole que supere retos que no entran en su agenda. Yo tengo claro lo que espero, que Vettel vuelva a ser Vettel, con sus luces y sombras, pero más equilibrado que lo que nos ha mostrado desde 2017. Con eso me conformo.

Os leo.

[Enlace al original]

2 comentarios:

Cao Wen dijo...

¿Ha encontrado ya el interruptor de la luz? Porque me lo estoy imaginando apagando y encendiendo durante horas; por entrenar.

Erathor dijo...

A ver, las cosas como son. El mayor enemigo de Vettel han sido los algodones que tantas veces ha citado Jose.

No voy a caer en el mal gusto de decir que lo ha tenido fácil en su carrera porque hay que llegar a la fórmula1, pero luego, en la fórmula 1 hay otra escuela.

Vienes de correr con chasis idénticos y aquí tu bien pilotaje no basta.

Si empiezas con un hierro tienes que ir al 110% del coche para que alguien se fije en ti. Y, a algunos, les ha llevado 15 años...

Vettel tuvo esa suerte de empezar con un Minardi vitaminado después de haber probado un Williams pepinaco y, en seguida, difusores soplados made in Newey.

Tampoco le quito méritos, porque en 2009 ya le sacaba más partido al trasto que su compañero, y su conducción 'delicada' le permitía hacer trazadas de videojuego sin que se le moviera el coche.

Pero faltó un añito o dos más haciendo contravolantes y con pie derecho nervioso e izquierdo "bombeando" y, peor aún, con muy temprana edad todo el mundo le doraba la píldora y eso,es lo que terminó de sentar los precedentes de su propio vía Crucis. '21 one Seb' fue la cagadilla monumental de Marko. No estabas fomentando un carácter. Era un niño caprichoso que se perpetuó gracias a tu política de defenestrar a 300 para tener un 'elegido'.

Ricciardo no era el elegido, pero sabía contravolantear.

No recuerdo el año que ganó en Brasil por la mínima, creo que el primero, 2010 o otro. No, debía ser otro, porque 2010 fue Abu Dhabi. Es igual, refuerza el razonamiento. Ya venía de ser campeón del mundo.

Esa última carrera ya mostraba atisbos de esas inseguridades. Trompo en la primera vuelta, afortunadísimo trompo. Nervios, falta de gestión ante la ajustadísima ventaja con Alonso. No había templanza.

Llegó 2014 y las semillas bien plantadas germinaron.

En Ferrari llegó en la era Marchione ( liras a dolor) y... Kimi.

Dos años seguidos, a Kimi le hicieron un cambio de ruedas desastroso en Australia. No hay más que decir.

Kimi es como Bottas, mientras le contraten...

Se nos fue Marchione y, casualmente, (liras off) el Ferrari empeoró.

Y los fantasmas de 2014 volvieron y, con menos apoyo político y menos algodones su psique se rompió. Hasta ahora.

Porque cuando llegó el caudalímetro trucado, apareció Leclerc con hambre y la moral de Web estaba en el extremo opuesto del espectro.

Y aquí estamos, en AStroll Martín,intentando poner parches a algo que viene de lejos...

Bravo por su pundonor.
No hay mejores historias que las de los ángeles caídos resurgidos de sus cenizas.

Pero estoy con Orroe. Estamos ante un renacer surgido de la rabia, el coraje y la determinación o de una,eso sí, humana rabieta que podría pegar con ese carácter 'mimado'.

Esperemos en que haya descendido tanto como para conocerse a sí mismo y romper con todo lo viejo.

Si es así, enhorabuena.

Ave! Fénix.