sábado, 13 de junio de 2015

Soñar es gratis #25TLM15 [07]


Por fortuna para todos, la historia no la escriben los que las leen en las enciclopedias para luego dictárnoslas, como hacían los frailes cuando yo era chaval, sino aquellos que se aventuran a meter la pata llevando a cabo ideas que en principio, no tienen por qué ser ni siquiera originales.

Le Mans y sus 24 Horas, surgen en un entorno en el que era habitual utilizar caminos entre poblaciones para que una panda de locos dieran rienda suelta a sus afanes aventureros.

El automóvil a principios del sigo XX era una aventura en sí mismo, y cuando el Automobil Club de L'Ouest decide abordar una prueba de las características de la carrera más famosa del mundo, sin duda no pretende hacer historia, sino dar salida a la enorme pasión que alentaba a los amantes de las cuatro ruedas que por entonces se podían contar con los dedos de una mano, o casi.

Así comienzan las cosas, como si nada. Lo que las hace grandes es la persistencia y la capacidad de prolongarse en el tiempo. Ésa es la parte más dura del trabajo, y la que más cuesta digerir a los que se entretienen apostillando las minucias, pasando por alto que el germen de toda gesta, no es sino un sueño minúsculo.

En 1923, las 24 Horas de Le Mans no eran ni por asomo la disputa que conocemos ahora. Se corría entre caminos y peligros para terminar, y para demostrar también que uno era capaz de hacerlo.

Hoy en día, la tecnología ha modelado la prueba como hace un niño con su tableta de plastilina, y el terminar se ha tornado en acabar más ràpido que nadie, de la misma manera que la demostración se ha convertido en una labor de equipo en el que intervienen numerosos protagonistas a cuál más importante.

El coche sigue siendo el protagonista supremo, pero el hombre que lo conduce ha terminado encontrando en él, un lugar que es diferente a todos los conocidos.

Como una gigantesca bestia con voluntad de sobrevivir en el tiempo, las 24 Horas de Le Mans han sabido adaptarse a los dictados del tiempo, y a lo largo de su dilatada existencia, incluso el tedio ha encontrado acomodo en su seno. Ha habido épocas buenas, etapas no tan buenas, pero al final lo que cuenta es que continúan ahí, para que las sigamos disfrutando a mediados de junio, porque soñar una vez al año es saludable y además, gratis.

Os leo.

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