miércoles, 17 de octubre de 2007

La marea roja


Para los que intuíamos que Fernando estaba llamando a gritos a la scuadra italiana desde el G.P. de Francia, el desastre ocurrido en Monza supuso un enorme mazazo, y el de Fuji un auténtico fiasco, para qué negarlo; con lo bonito que estaba resultando ver cómo Kimi y Felipe, o Felipe y Kimi, se iban acercando para poner las cosas en su sitio.

Porque un campeonato sin aliados externos viene a ser como una ensalada sin aliñar: campo abonado para que quien quiera o pueda, desestabilice la balanza a su entero gusto e interés. El rival es útil, imprescindible diría yo, y más en situaciones donde la lógica se va al carajo y te ves luchando contra tu propio equipo pero en sus manos. Y he aquí que la supervivencia de Alonso, a falta de recursos digamos que naturales pero con sobradas razones para intuir el amaño al que le están sometiendo, pasaba inevitablemente por inventarse los aliados.

A pesar de los pesares y del aprobado raspado que ha obtenido Kimi en el asunto, los Ferrari llegan a Interlagos con un papel estelar sobre el que no se debe pasar de largo.

Llega la revolución de octubre, la marea roja. Los ferraristas podemos gritar ¡octubre rosso!, porque Ferrari hacía falta como agua de mayo, para asegurar la tan proclamada igualdad de oportunidades entre los dos pilotos de McLaren, y también para intentar dar un golpe de mano que nos convenza de que aún existe algo de deporte en este inmenso negocio al que llamamos Fórmula 1.

Pero no nos engañemos, porque Dennis, que no es ningún tonto, ha sabido siempre que este momento podía llegar (de ahí sus cabreos con nuestro compatriota y su visita relámpago a España, por ver si amarraba al Santader, cuya contribución no es moco de paco), y lo ha temido, ¡cómo para no hacerlo!, porque en un escenario tan dramático como el que se presenta en Brasil, los Ferrari suponen la peor amenaza para McLaren, el salvoconducto para la gloria o el pàsaporte al desastre.

Primero, porque como las cosas se tuerzan en el box inglés, el finlandés errante puede llevarse el gato al agua a poco que su colega brasileño ande fino y los dos BMW (están que se salen en circuitos lentos) encuentren hueco, porque si la cosa depende de que Alonso cubra las espaldas de Hamilton en carrera o le tienda la alfombra roja en calificación, Dennis y Lewis lo llevan crudo.

Y segundo, porque en un campeonato bastante devaluado (el de constructores ha sido un atraco, y ya buscaré momento para explicarlo) que los Ferrari salgan a defender su honor está más que cantado, y en este orden de cosas, que Alonso pueda dejarlos atrás supondría que Hamilton correría el riesgo de que se le atragantara la PlayStation si no se derrumba antes.

Dicho esto, auguro (me la juego, ¡qué carajo!), que Fernando va a apostar a lo mismo que jugó en Spa, con trompo incluido, y a que se va a dejar las uñas por conseguir la pole colocando a Lewis cuarto en la parrilla, pues ya le tiene cogida la medida.

Y en carrera. ¡Ay en carrera, en Brasil!, McLaren se expone a perder una temporada completa como no ayude al único de sus pilotos que ha demostrado que lo merece durante toda la campaña. Aquí radica el quid de la cuestión, pues nadie en la escudería inglesa salvo Alonso, ha sabido prever que la igualdad de oportunidades va a sufrir una prueba de resitencia cuando por fin se ven las orejas al lobo, momento ante el cual sólo valdrán la experiencia, el temple, el buen hacer y el saber llevar el número 1.

Lo demás son british monsergas, of course!

1 comentario:

Avatar dijo...

A McLaren hay que reconocerle un grandísimo mérito: complicarse la vida ellos solitos. Lo tenían todo y la avaricia emieza a hacer mella en el saco. estaría bien que, si Alonso no puede con Hamilton a pesar de la "igualdad de oportunidades", les dejase el campeonato en bandeja a los de Ferrari (y de paso entre con buen pie en la escudería italiana el año que viene). Los ingleses son muy estirados. La sopa latina tiene más futuro.

Ah, sí, cuando sea mayor me compraré un Audi jejejeje...