lunes, 8 de octubre de 2007

Otoño en China [Shanghai]


Que una escudería como McLaren, que aun habiendo sido apeada del mundial de constructores seguía teniendo opciones de lograr el de pilotos hasta ayer, jugara la carta más estúpida de las posibles, dejando que su primer piloto (ya no caben dudas) agotara la consistencia de sus neumáticos porque el objetivo era derrotar a Alonso (Dennis dixit), deja en evidencia lo que ha sido esta temporada…

Ya no caben paliativos ni paños tibios. Cuando Ron Dennis afirmaba «No vamos a cambiar nuestra forma de hacer las cosas. Seguiremos funcionando con nuestros valores, construyendo un equipo donde prime la igualdad», estaba mintiendo descaradamente, como mintió ante el Consejo Mundial de la FIA el 26 de julio y el 13 de septiembre pasados. Y si la responsabilidad de la sanción que ha impuesto la FIA a su equipo ha sido exclusivamente suya como máximo responsable en Woking, cabe recordar que también debe ir a su cuenta de manera muy personalizada, la malversación que ha sufrido la deportividad en el seno de su escudería.

Poco importa que Kimi (se merece este mundial casi tanto como el Nano) se llevara la victoria en Shanghai, y que la carrera, tras una temporada en la que ha abundado el tedio, haya supuesto una hermosa guinda para un pastel de dimensiones colosales. Y digo que importa poco porque las cartas están ahora boca arriba y a la vista, y con ellas sobre la mesa se constata que Fernando se enfrenta a Brasil en inferioridad de condiciones y con el agravante de que aún se lo puede poner peor su gran enemigo: Ron Dennis.

¡Tela, eso de correr con el enemigo en casa!, aunque a estas alturas de la historia tampoco importe demasiado, porque la arrogancia del mismo equipo que decía velar por la igualdad entre sus pilotos ha dado al traste (de momento) con las expectativas del ingenuo Hamilton, quien había llegado a creerse que éste iba a ser su año porque él era el mejor, y que ha demostrado una vez más, que aunque promete, y mucho, todavía no está convenientemente maduro.

Así las cosas, cuando todo el bacalao parecía cortado y repartido, vino a aparecerse la Virgen de Covadonga con la lección de Turquía bien aprendida, para llevarse de copas a Saint George y ganarle al kinito. Lógicamente, cocido o en KO etílico sobre la arena de una playa de Benidorm, el santo británico no pudo contrarrestar la magistral jugada que afectó a la corona de laurel que tenían en McLaren para cuando ganara Hamilton, la cual, sufriendo el ataque de un repentino otoño se vio despojada de la práctica totalidad de sus hojas ante la incredulidad de los mecánicos y el equipo técnico.

Mientras me entero de lo que se le ocurre a la Patrona del Principado para resolver la papeleta que tiene ante sí el Nano en Interlagos, me quedo con los gritos de alegría escuchados a través de su radio a Sebastian Vettel (cuarto con un ¡Toro Rosso!), pues sirviendo para encuadrar la película que pudimos ver y disfrutar, ponen de relieve también, la enorme injusticia que se ha cometido este año con los fantásticos rookies que han sido tanto o más merecedores de elogios que Lewis. Y con la enternecedora estampa de Fabrizio Borra, el fisioterapeuta de Alonso (sí, su fisioterapeuta), que por medio del ya anacrónico método del panel al borde del muro, ponía a disposición de Fernando, vuelta a vuelta, la información que debería estar dándole su equipo.

2 comentarios:

Avatar dijo...

Maravillosa combinación de hechos en esta actividad que se da por llamara deporte. Parece mentira que Alonso siga peleando por lo más alto aun compitiendo con métodos analógicos en plena era digital (lo de su fisioterapeuta es sencillamente fascinante). Para mí ya lo es, pero si gana demostrará que es un ser sobrehumano. Ojalá se atraganten todos los demás benefactores del conguito veloz con los dividendos que este juguete roto les va a hacer ganar...

Lluis dijo...

Estupenda serie de comentarios. Me gusta tu forma de ver la Fórmula One, acabo de llegar con Alonso y estoy hasta los huevos de los sabihondos que no te dejan hablar. Me gusta tu estilo ¡Enhorabuena!