lunes, 24 de abril de 2017

El arte de la guerra [Sun Tzu]


El Arte de la guerra, escrito por Sun Tzu, forma parte de los textos imprescindibles para todo trabajador autónomo de nuestro amado país, junto a Hagakure, el camino del samurái, de Yamamoto Tsunetomo y El libro de los 5 anillos, atribuído a Miyamoto Musashi. 

Si a esta terna sumamos la lectura de El arte japonés de la guerra, de Thomas Cleary, cualquier emprendedor se sentirá con fuerzas para salir ahí fuera, a batirse el cuero con los clientes, los plazos y los cobros, la Seguridad Social y Hacienda, para que cuando vuelva a casa, ya de noche, nada le impida sentir las magulladuras y las heridas causadas por las mil y una batallas perdidas durante la jornada de trabajo, aunque a cambio, entenderá como ningún ser humano por qué vivir resulta tan duro...

No tenía previsto adelantarlo en mi lista de libros recomendados sobre Fórmula 1, pero algo me dice que pronto se va a poner de moda —en realidad no hace falta que leáis los otros que he mencionado—, así que no he querido desaprovechar la ocasión de meterlo entre el Gran Premio de Bahrein y el de Rusia, primero de todo porque es atemporal, y segundo, porque, además, supone un compendio de consejos perfectamente armados y con una profundidad indescriptible, que versan, fundamentalmente, sobre el bushido, la filosofía que empapa la vida del samurái.

De esta forma, el noble arte de la estrategia y también el de la planificación, sirven lo mismo para fines militares que diplomáticos, deportivos, económicos o relacionales. De hecho, este pequeño ejercicio de sabiduría escrito hace veinticinco siglos se utiliza todavía hoy en ámbitos académicos de lo más diverso y en todo el orbe como volumen de inspiración y consulta, lo que me anima a pensar que debe ser perfectamente conocido por los integrantes del paddock.

Puestos en esta tesitura y dado que la Fórmula 1 es un gigantesco tablero de ajedrez donde se libra una guerra entre equipos con filosofías diferentes, los consejos del general Sun Tzu cobran un valor incalculable («El arte de la guerra es el arte del engaño»), aportando numerosas pistas para discernir eso que no vemos pero notamos que pasa constantemente en la parrilla («Un ejército victorioso gana primero y entabla la batalla después; un ejército derrotado lucha primero e intenta obtener la victoria después»), incluso a la hora de explorar determinados comportamientos incomprensibles de algunas escuderías («Cualquiera que tenga forma puede ser definido, y cualquiera que pueda ser definido puede ser vencido»).

Fácil de adquirir o de conseguir en formato PDF, resulta asimilable incluso para la chavalería que no sale de Twitter pues hay consejos que tan sólo suponen una línea escrita de extensión, así que leer El Arte de la guerra es un ejercicio sano que recomiendo, sobre todo a la hora de disfrutar de toda la hondura que nos propone la Fórmula 1, como negocio y deporte donde todos los contrincantes pelean a cara de perro. 

Y no, no hablo de Honda y McLaren puesto que si quisiese referirme a lo que está sucediendo actualmente en Woking y Sakura, habría elegido esta otra cita: «Cuando se está cerca, se debe parecer lejos, cuando se está lejos, se debe parecer cerca. Se muestran carnadas para incitar al enemigo. Se finge desorden y se lo aplasta.»

Os leo.

2 comentarios:

Aficionando dijo...

Un clásico, El arte de la guerra.
Otro que puede servir con los mismos propósitos es El príncipe, de Maquiavelo.

Anoche me quedé hasta las tantas para ver la carrera de la Indy en Alabama. Esta vez era un circuito permanente, con alguna zona bonita, pero me reitero en lo que dije el otro día: los circuitos no ovales de esta categoría son bastante mediocres. 90 vueltas a un circuito de tres kilómetros y medio de cuerda -más pequeño que El Jarama-, se hace muy muy pesado.
Los de la Indy son coches diseñados para alta velocidad en circuitos ovales, eso está claro. En circuitos convencionales resultan lentos y pesados. Alonso fue entrevistado largamente durante la carrera por los comentaristas y quedó claro que su participación en las 500 Millas ha sido un bombazo para la competición. Para participantes, organizadores y público es un honor y la expectación es máxima. Se hinchó a fotos, autógrafos y entrevistas. Es una estrella, pese a quién le pese.

Aficionando dijo...

De esa competición me quedo con el "push and pass". Un botón mágico que te permite obtener unos cuantos caballos extra durante un tiempo determinado para adelantar. Me parece mucha mejor solución que el DRS. Primero, porque puedes utilizarlo donde elijas, no como el DRS, que siempre es el la recta. Y segundo, porque supone un coste que tienes que calcular: el DRS es "gratis", por así decirlo, pero el "push and pass" tiene un precio: un mayor gasto de combustible. En una competición donde cada kilo de combustible es fundamental al haber repostajes, hay que hacer cálculos para no quedarte sin gasofa y tener que volver a entrar a repostar, lo que te puede arruinar la carrera.
Lo de los repostajes es otro tema interesante: se hacen "a ojo". No hay un ordenador que te meta los litros de forma predeterminada en el depósito a presión: se calcula con cronómetro. Tantos segundos, tantos litros, lo que supone un cierto grado de incertidumbre y puede llevar a errores: poner de más, o poner de menos.
Creo que la F1 debería copiar lo bueno de esa competición y dejarse de mandangas retorcidas ideadas por ingenieros, como el flujo de combustible por hora y demás gilipolleces incomprensibles.