martes, 6 de septiembre de 2011

El hombre de Alcatraz


Obligar a un templo de la velocidad como Monza a sufrir dos sectores marcados para el uso del DRS viene a ser lo mismo que condenar a un pura sangre a malvivir en un establo, o que poner a un santo dos pistolas.

Sé de quien ha vivido 25 años enmarcado en las cuatro paredes de una habitación, pudriéndose hasta el hastío alrededor de una cama que era mesa, sofá, diván y domicilio, pues hasta ella llegaban las cartas cada mediodía y en ella se celebraban incluso los cumpleaños, y conozco a quien lo ha aguantado porque la cárcel, aunque esté rodeada de barrotes de oro, termina siempre por definir el presente solitario, el ahora solitario, y el futuro solitario, sin que acabe importando demasiado.

Es cuestión de miserable costumbre, de esa cosa pegajosa que nos impide ver que hay más mundo del que vemos...

Y el DRS es la cama de la habitación que contaba antes. El mundo impuesto al mundo, la esencia de una realidad que no tiene pies ni cabeza, pero en la que cabe pedir responsabilidades a quien ha tenido siempre las manos atadas a la espalda, y al que se le exige, por si fuera poco, que se muestre agradecido por ser sombra obligada de sí mismo, por recibir nada a cambio de darlo todo.

Hace poco hablaba con mi ingeniero de pista sobre quién define lo profundo de las soledades y la magnitud de cualquier sacrificio. Yo decía que el tiempo. Mi avatar al otro lado del muro, que el aquí y el ahora. Le recordé lo jodido que está todo.

Ninguno contaba con los atajos. Con el DRS. Con esa malversación hipócrita, bastarda y postiza, que emula artificialmente aquello en lo que creemos porque hemos visto, palpado, saboreado...

Y aquí lo tenemos, en crudo a cuatro días vista. Un cachivache de mierda intentando enfatizar lo que antaño ponían los pilotos sobre sus máquinas, lo que marcaba la diferencia, lo que ha dado tradición al sainete que sufrimos. Rizando el rizo del descrédito más absoluto, reiterando con burda cacofonía una excelencia labrada giro a giro durante décadas, tratando de marcar el summum en una historia que carece de futuro porque no tiene puñetera gracia.

Dice el populacho (con todos mis respetos) que si querías chocolate ahí tienes dos tazas, y mirándolo por el lado bueno, lo del DRS y Monza viene a sonar a suicidio anunciado del trasto, porque si al bendito invento le hacía falta algo, el santuario que vio consagrarse a nuestros iconos más emblemáticos, desde Fangio a Schumacher, se ha convertido por arte de los aires modernos en una vulgar cama en la habitación del fondo, en la que Burt Lancaster sueña que es libre cuidando canarios.

9 comentarios:

Txomin dijo...

Seamos justos, compañero. El uso reglamentario del DRS es antideportivo de pe a pa. Sin embargo, el DRS en si es cojonudo por varias razones. Por ejemplo, el DRS demuestra que el "aire sucio" no es una barrera insuperable. Ademas, el DRS demuestra que la prohibición de cachivaches móviles en aerodinámica es absurda e infundada.

Eliminando la imbécil reglamentación sobre uso del DRS resolvería de un simple y sencillo golpe su elemento antideportivo. Dejando que los ingenieros decidan como y de que forma jugar con la aerodinámica pondría sobre la pista, hoy por hoy, inimaginables y muy deseables desarrollos técnicos.

csm dijo...

Muy bueno, Josetxu.

Aplicando el sentido común y los conceptos básicos de aerodinámica:
-> Si el drag es la resistencia al avance causada por las turbulencias.
-> Si las turbulencias están causadas en gran medida por los alerones.

¿Por qué no limitar los alerones y otros elementos causantes de las turbulencias? ¿Por qué buscar una solución “aeodinámica” para luchar contra los efectos aerodinámicos negativos, en vez de, sencillamente, suprimirlos? ¿Por qué no primar la mecánica en vez de paliar con la aerodinámica?
(Pregunto desde mi ignorancia)
El DRS es una solución mal “parida” que no ataca el fondo sino a la forma; una manera “divertida” ─como show mediático─ de que veamos más adelantamientos, pero una manera artificial y , además, “frustrante” para el piloto que va delante y no puede usar ese dispositivo como defensa del que va detrás y sí lo puede usar.

A veces me pregunto si este DRS no habrá sido resultado de “sesudas” sesiones de los ingenieros “FIA” después del final del gran premio de Abu Dhabi 2010, donde un piloto tremendamente superior, se vió “encarcelado” y privado de ganar por la torpeza de la “coño-aerodinámica”.

Un besote

Anónimo dijo...

El DRS es luchar contra el fuego con gasolina.
El problema de fondo es la utilización de la aerodinámica, que en un momento determinado, pasó de mejorar las formas para reducir la resistencia a añadir planos para aumentar el downforce. Y ese es el paso clave que debió cortarse.
Mientras no den el paso atrás, el DRS o las normativas imaginativas que puedan desarrollar, no serán más que burdos parches que no solucionan el problema.
El DRS da espectáculo solo a los que creen que una carrera de F1 es mejor cuantos más adelantamientos hay. La época de la F1 futbolera ha comenzado.

Martín Herzog dijo...

Muy bueno, Orroe.

Aparte de complejidades técnicas y de primar la mecánica sobre la aerodinámica, está en liza la ética deportiva, el juego limpio traicionado por un señor que saca una ventaja que otro no puede sacar, no luchando entonces en igualdad de condiciones.

saludos

Anónimo dijo...

La vida es breve; el arte largo; la ocasiòn fugaz; la experiencia engañosa; el juicio difìcil.”

Midori

J. Arce dijo...

Yo siempre ha abogado por la eliminación de los alerones. Este engendro pone freno a un problema muy grave(el de la imposibilidad de adelantar en algunos circuitos) pero tiene su lado negativo. Por ejemplo, en Spa Webber adelantó a Alonso echándole un par de pelotas y Alonso le pasó en Les Combes gracias al DRS. Muy injusto.

Aficionando dijo...

Tengo curiosidad por ver qué velocidades máximas se marcarán en Monza gracias al DRS.
El récord lo tiene, de momento, mi Pablo Montoya en los entrenamientos de 2005 con 372,6 km/h.
La vuelta rápida, Barrichello, con 1,21,046 en 2004.

Aficionando again dijo...

Por cierto, el récord de Montoya es la máxima velocidad conseguida nunca por un monoplaza de Fórmula 1.

Primo de Anónimo dijo...

Estimado Orroe,
Deberías de incluir en tus quejas también las chicanes falaces que le colgaron al histórico circuito a modo de lifting facial. Sobre el DRS coincido al 101% con Txomin. Un poquito más de libertad haría que todos estos engendros bastardos y tramposos fuesen soluciones originales.
Saludos