sábado, 29 de octubre de 2016

¡Que viva México!


Hoy ha sido un día suficientemente bonito como para que no me apetezca estropearlo hablando de Bernie. Sí, sé de sobra que esta mañana...

En fin, a lo que vamos. Estoy montando una pequeña historia que tiene mucho que ver con todo esto —no, el libro va bien pero no lo he tocado—, he escuchado el debate de consagración de Rajoy II y el previo y la calificación para el Gran Premio de México hasta casi el final de Q1, luego he visto el resto, y cuando pensaba que la jornada no daba para más, el cachondeo total ha venido cuando un aficionado caído del cielo ha espetado a alguien que no puede ser alonsista porque se le caería la piel a pedazos, precisamente de sesgado, rencoroso y poco menos de no entender ni papa de Fórmula 1, por haber dicho no sé qué sobre Sebastian Vettel en Twitter.

El asunto me ha hecho más gracia que esa última vuelta de Nico Rosberg al Hermanos Rodríguez que casi deja mudos a Josep Lluis Merlos y Joan Villadelprat, no por los protagonistas, uno de ellos, el interpelado, un bloguero a quien leo y respeto a pesar de que nuestras respectivas posiciones son antagonistas, sino porque ahora hay más y más posibilidades de que te topes con uno de esos elementos, cada vez más abundantes, que llega to'loco a las redes sociales y, por distinguirse del resto del género humano, se pone a pegar tiros contra el alonsismo español y tal.

Si nos ocurre a nosotros, vulgares mortales, el chascarrillo no pasaría de una anécdota de las muchas que tenemos que lidiar día a día. Pero en tocando a uno de nuestros santones que más pronto abrazó la fe de que la Fórmula 1 está por encima de filias y fobias, que argumentaba sus discursos en base a que Lobato era pérfido y negativo para el deporte, y en que Alonso sí, pero vaya, la cosa de esta tarde alcanza el nivel de épica suprema, ya que nos pone en que la idiocia toca incluso a los sacerdotes que la impulsaron, y en que a lo peor, cuando desaparezca Fernando del mapa, los que van a quedar son ellos, los que ahora empiezan a dar estopa a quienes creyeron sostener la llama, simplemente porque no saben ni quienes son, ni les interesa saberlo.

Esta mañana, temprano, he hablado brevemente con un buen amigo. Las redes sociales nos cambian, y, a veces, ofrecen de nosotros una imagen mil veces peor de lo que somos. También pasa en los blogs... Cuando me entrevistó Martín Herzog, hace años ya, a una de sus preguntas sobre el forofismo, conteste rotundo que ése es un camino de ida y vuelta...

Ida y vuelta. Crees defender lo correcto y estás alimentando a una bicha que, como te descuides, acabará devorándote. Y en el caso que me ocupa esta noche: la situación que contaba hace unos párrafos nos pone en que criticar a Alonso buscando la neutralidad, lo único que ha hecho ha sido dar munición a este estándar de individuos que primero dispara y después pregunta porque lo tiene to'claro. No he podido resistirme a recordar al gran Flavio, mi domador de hienas. Por supuesto a las hienas buenas, y, también, a las malas. En cualquier caso, todos hienas.

Vivimos tiempos complicados en todos los aspectos. No somos nada, nadie. La última entrada que escribo es la única que vale. Y lo sé hace tiempo, y por eso mismo procuro ser genuino siempre. No voy a solucionar los problemas que aquejan al universo, no voy a gustar ni a convencer a todo el mundo. Tampoco voy a gastarme intentándolo.

Y en sintonía con lo que llevo rato diciendo, la Fórmula 1 es ahora el Gran Premio de México. Lo que nos toca.

No importan Suzuka ni Austin, ni Interlagos o Yas Marina. El ahora es ése público mexicano que arropa a nuestros hombres y sus máquinas, que jalea con entusiasmo desde las gradas lo que sucede sobre la pista. Que le vayan dando a Bernie, a los que tiran tiros y a los que ven manchadas sus sotanas con el barro que levantan los pies de los que vienen apretando y no les entienden.

La Fórmula 1 es en esencia pasión, no la jodamos buscando tres pies al gato.

Jose, hoy va por ti.