sábado, 18 de julio de 2015

Cando penso que te fuches...


Hay entradas que no querría escribir jamás y también hay cosas que no he querido escuchar, ni leer, ni observar de lejos, hoy, cuando pasadas las cinco de la mañana, la bruma del bosque se desperezaba para darme los buenos días, susurrando entre ecos y jirones: Jules descansa en paz...

Lo esperaba, pero aun así, me ha costado digerir la bofetada. 

Jules tenía la edad de mi hijo y entreveo en su figura, notas, aromas y matices, que no entenderéis hasta que el tiempo os tiña de canas el pelo, de ojeras la cara y acumule en vuestro pecho y espalda, cicatrices que os recordarán por siempre jamás, que estamos de paso, exclusivamente para servir a los que vienen detrás sin preguntar si fue fácil o complicado intentar allanar su camino...

El bosque de los miedos está repleto de pinceladas que se corresponden a gente de carne y hueso que conocimos, aunque sólo fuese de oídas. Incluso existe un árbol que lleva grabado en su corteza el de un tal Lucien Bianchi, quien esta madrugada, seguramente, se habrá materializado para recibir a su sobrino nieto y decirle: Tranquilo, Jules, todo ha terminado...

Adrian sigue de pie, consternado por lo que ha visto. Me he pasado el día escuchando a Rosalía de Castro en la voz de Amancio Prada. Tal vez todo se reduzca a eso: a contener la rabia oyendo Negra sombra...

«Cando penso que te fuches
negra sombra que me asombras
ó pé dos meus cabezales
tornas facéndome mofa
Cando maxino que es ida
no mesmo sol te me amostras
i eres a estrela que brila
i eres o vento que zoa
Si cantan, es ti que cantas
si choran, es ti que choras
i es o marmurio do río
i es a noite i es a aurora
En todo estás e ti es todo
pra min i en min mesma moras
nin me dexarás nunca
sombra que sempre me asombras.»

Hasta pronto, pequeño.