lunes, 8 de mayo de 2017

So, relax


Es indiscutible que el papanatismo nos invade. Desconozco si llegó cuando el incidente de Roswell, vino cuando los sumerios o es más reciente, no sé, de cuando el hombre pisó la luna, por ejemplo, pero que está instalado entre nosotros es una verdad como un campanario de grande.

Con la misma naturalidad que un bobo argumenta que le gustan todas las mujeres aunque rechaza decantarse por una, o dos, o tres de entre todas, precisamente por seguir siendo fiel a esta estúpida y paticorta manera de disfrutar la vida, en lo nuestro existe una corriente de opinión que entiende que para amar la Fórmula 1 como Dios manda es menester abandonar el corazoncito y las pasiones terrenales en el interior de un armario.

Poned el género que os plazca a este diálogo de besugo madrugador, pues imagino que en otros bandos también existen especímenes así de agorafóbicos o que habiendo elegido un hombre han perdido la vista para los demás —¡qué dolor!, ¿no?

En fin, de toda la vida se ha llamado a lo que vengo diciendo tener miedo a mojarse, y el caso es que ha sido escribir estos días atrás sobre 2007 y que la manada de lo políticamente correcto se haya puesto en marcha esgrimiendo eslóganes a cuál más rimbombate y hueco. No amo la Fórmula 1, soy un alonsista de mierda, un fanático que tiene atragantado a Lewis Hamilton, así, todo seguido o por piezas musicales, como prefiráis.

También es cierto que he tenido suerte. Esta vez me he librado de ser acusado de mal tifoso por no comulgar con las tesis oficiales de la religión ferrarista y permitirme lujos como que me guste más Enzo Ferrari que Luca Cordero di Montezemolo; Mattiacci más que Arrivabene, aunque sepa de sobra que el primero andaba más perdido que un pulpo en un garaje; que no aguante a don Sergio Marchionne o que cuando las máquinas rossas no dan la talla en pista no me arrugue en decir públicamente que son malas.

Hacer del todo algo indivisible ha sido desde siempre el recurso más utilizado por los regímenes dictatoriales para mantener aquello de la ley y el orden, y el decoro y las buenas costumbres. Da lo mismo que la dictadura sea política, económica, social o intelectual.

Quien osa cuestionar el guión oficial no sale en la foto y se va castigado al rincón de purgar los pecados tras ser señalado primero y separado después del rebaño, por higiene. Muerto el perro se acabó la rabia, ya me entendeís. Y si esta cosa fea resulta hasta cierto punto digerible en Fórmula 1 cuando el delator y censor aún tiene espinillas en la cara, confieso que llevo francamente mal que personas supuestamente adultas se sumen o anden dando bola a este tipo de actitudes.

Hamilton sale en la Rolling Stone de este mes y después de leer la entrevista sólo puedo decir que se desnuca si por un casual se cae de su ego. No se puede ser más mendrugo ni tratar al público lector como si fuese idiota con tanta contumacia y tanto ahinco. El chiquillo también es así y por eso creo que es legítimo decir que parece gilipollas del culo, fundamentelamente porque el Lewis que me gusta es el que se sube al habitáculo y deja las tonterías en el garaje. Ese piloto que tiene una cita ineludible consigo mismo en Barcelona si quiere mantener sus opciones al título de este año.

¿Alonso? Honestamente: Fernando es vuestro problema, y por cierto, a ver si lo resolvéis pronto.

Os leo.

3 comentarios:

Pelayo Blanco dijo...

No suelo comentar, porque para qué si ya lo explicas tú todo suficientemente bien, pero hoy tengo que darte la mano, de hombre a hombre y decirte que has provocado un lio. A ver como digieren que siendo de la Alonsada te guste Hamilton como piloto (a mi me encanta). Cortocircuito y explosión cerebral segura... ;)

Jordi Vidal dijo...

Pues que te digo... hacerle caso a una revista que publica pauso reportajes de pseudo actores haciendo de periodistas tampoco es una referencia como para tomar muy en serio. Coincido contigo totalmente, pero también hay que reconocer lo bien que le viene a la F1 personajes polémicos de los que se hable fuera y dentro de la pista. Para mí es como el Cristiano Ronaldo de la F1, fanfarron, superficial, egocentrico, narcisista, etc etc etc. Pero que le vamos a hacer. Así nos entretenemos entre carrera y carrera. Y si, si se vale ser partidario de quien te de la gana !! Abrazo !

Aficionando dijo...

Si me das a elegir, como cantaban Los chunguitos, me quedo con Hamilton antes que con Vettel. A pesar de los pesares, de su ego desmedido, de sus dos dedos de frente -por cierto, me da que se ha hecho un implante de pelo: sólo hay que comparar sus fotos de hace tres o cuatro años con las de ahora- y de su actitud de estrella en un deporte de estrellas. Talento tiene a raudales, de eso no hay duda, aunque también tiene sus fallos, como desdibujarse si el coche no es perfecto. Coincido con Jordi Vidal: así nos entretenemos.