jueves, 12 de abril de 2012

Ni las salidas


Cuentan los más viejos del lugar que Gilles Villeneuve tenía algún que otro problema para arrancar como Dios manda en la parrilla de salida, y que consciente de los problemas que tenía su hijo, Enzo Ferrari, entre paternalista y sabio, dio permiso al quebequés para que rompiera cuantas cajas de cambio encontrara a mano con tal de resolver el asunto. También afirman los que llevan más canas que yo sobre la cabeza, o en su caso enseñan en ella más cartón que yo, que el conductor canadiense aprendió a comprender los límites de su máquina y los suyos propios, a base de hacer trizas uno tras otro, los regalos que La Scuderia le había puesto bajo el abeto de Navidad...

Fuera como fuese, Gilles se convirtió en un relámpago que cruzaba el cielo de límite a límite en cuanto el semáforo se ponía en verde gracias a su calidad como piloto y a la generosidad de quien sabiendo dónde estaba el problema, no puso ningún reparo a la hora de resolverlo.

Eran tiempos en los cuales hacer la pole era casi tan importante como ahora, aunque menos, por diversas razones. Es cierto que faltaban unos años para que un tipo llamado Ayrton convirtiera en baza alquímica lo de llevarse la primera posición en la parrilla de salida, pero todo era a la vez muy parecido y muy distinto, para que nos entendamos, porque en el fondo, salir de atrás no suponía un lastre, un borrón difícil de eliminar una vez la prueba había comenzado. 

Por desgracia, la eficiencia aerodinámica de los modernos vehículos, salvo en muy contadas ocasiones, hace practicamente insalvable reducir la ventaja que tal o cual piloto obtiene en calificación, de manera que salir desde la pole hoy, ha dejado de ser la vitola con la que se engalanaban los pilotos más rápidos para empeñar hasta los dientes en defenderla en carrera, para pasar a ser una miserable garantía de obtención de victoria, pues ya se sabe, quien conquista el fabuloso anagrama de no tener a nadie delante durante la largada, con casi absoluta seguridad, cruzará primero la línea de meta.

Cosas del aire limpio, que diría aquél. Cosas de los nuevos tiempos, que diría el otro...
El caso es que en la actualidad, rara vez se cambia este estúpido esquema en el cual quien da primero el sábado, da dos veces el domingo, con lo que los aficionados nos quedamos sin paladear en su quintaesencia uno de los momentos más espectaculares y cruciales de cada prueba, debido, entre otras cosas, a que nuestra amada FIA ha empeñado hasta lo que no tiene en trocar el oro en plomo para que las estrategias y el DRS obren un milagro que en justicia debería darse desde los primeros compases de la carrera, y no después, durante su discurrir, como viene siendo tradición en nuestros días.

Por fortuna, Fernando es uno de los tipos que mejor arrancan, y además, el F2012 parece haber resuelto sus carencias a la hora de ponerse en marcha. Pero no nos engañemos, nada es lo que parece... Ni las salidas.