martes, 29 de noviembre de 2016

Que parezca un accidente [Posverdad]


Conforme pasa el tiempo más extraños me resultan los adioses. Lo de Webber parecía claro: cuelga los guantes y el casco y abandona la competición. No hay más que decir, a partir de ahora el australiano se dedicará  en cuerpo y alma a su Anna, a su bici y sus historias... Lo de mi Felipe ya no tanto. El brasileño amenaza con seguir corriendo en otras disciplinas porque dice que lleva las carreras en las venas, ¿quién lo diría?

De Button me despedí una vez, equivocadamente, se entiende [El último gentleman]. La culpa la tuvieron los bulos y eso que llamamos ahora posverdad. Pero cuando McLaren anunció que el británico pasaba a ser embajador de no sé qué, y que dejaba su asiento libre para que lo mantuviera tibio Vandoorme hasta su retorno, escribí que Jenson se retiraba aunque no lo sabía [Jenson y el abogado del diablo].

Sé que esperábais una entradita sobre Lewis Hamilton, pero el cuerpo me pide mirar el mar con las manos en los bolsillos y el aire revolviéndome el pelo. Escribimos siempre sobre la misma cuartilla, a veces olvidando borrar lo que escribimos ayer o anteayer, o aquel día ¿recuerdas? Y lees hoy sobre el hijo de Big John y el cronómetro afila su aguja en 2009. Antes, apenas unos borrones de lo que, a simple vista, son números apelotonados; después, algo que se parece al informe de un me´dico que certifica entre garabatos que estás bien, pero que también recomienda en la letra pequeña, apretada y maliciosa, que te cuides porque la medicina no es una ciencia exacta.

Da la sensación de que alguien dio la orden de que lo de Jenson parezca un accidente.

Dennis se ha ido a purgar sus pecados y Brown ha entreabierto la puerta para que Lewis, si así lo quiere, pueda volver a Woking. En britishlandia también funciona lo del «donde dije digo, digo Diego», las cuentas salen de todos modos: perdemos por la puerta de atrás a un gran piloto porque el negocio no está para gastos ni despedidas. Esto lo entendemos todos...

Pero Button abandonaba su volante en Abu Dhabi casi de puntillas, sin apenas meter ruido, y sus rivales y amigos, queriendo, no osaron profanar la vitrificada superficie del espectáculo profiriendo obscenidades y alaridos mientras pateaban el suelo golpeando los hierros contra sus escudos. ¡Ahí va uno de los nuestros! —quisieron gritar—, pero corren malos tiempos para los gladiadores porque dicen que cobran mucho y ya no se juegan la vida...

No, esto último es mentira. No hubo paseíllo de guerreros a su compañero en Abu Dhabi porque apenas quedan guerreros, y porque de haberlos en mayor abundancia, Bernie los habría mandado a que no molestaran demasiado en el box más apartado y oscuro de Yas Marina, como ocurrió con María de Villota en Suzuka, o los habría fagocitado para la función, como sucedió con Jules Bianchi en Sochi.

Al final, el más listo de la clase nos ha salido mi Felipe. Se retiró donde quiso, ante su público, siendo protagonista de una tarde dramática como pocas, en la que fue él quién devoró las intenciones del FOM, y con dos cogieron.

Pero decíamos que no quedan espacios para reflexionar, aunque el adiós definitivo a un amigo sigue siendo el más hermoso y vasto de todos. Y el caso es que he escrito y defendido mucho a Jenson aquí mismo, pero hoy, en la cuartilla de todos los días, apenas queda espacio para que me repita. Un 2004 épico que apenas se recuerda, un 2009 victorioso que queda como cita imprescindible y de culto, y luego, eso que llamamos ahora posverdad: un cúmulo de sensaciones, de números en qué apoyarse, de descuidos quirúrgicos y de opiniones, que al cabo dan para un bonito artículo en Wikipedia que parece un accidente.

Todo parece un maldito accidente y nadie pregunta qué hay debajo, qué hay detrás, quizá porque ya no importa tanto o porque nos da miedo enfrentarnos a la realidad y a nuestra selectiva pérdida de memoria. La adolescencia perpetua, otro bonito neoconcepto que podríamos esgrimir para explicar por qué toda una vida de pundonor y trabajo dedicada a este deporte, puede concretarse en un escueto titular: «Jenson Button, Campeón del Mundo 2009, se retira a los 36 años de edad.»

Os leo.