martes, 8 de noviembre de 2016

Non succedera piu


Ahora que a Bernie le ha dado por britanizar aún más la Fórmula 1 para que David Coulthard nos salga diciendo en cuanto le enfoca una cámara, que este deporte es full british porque así lo quiso God, el dios de los anglosajones...

Esperad un momento, sobre esto escribí algo hace mucho, mucho mucho tiempo:

«Soy consciente, Vuecencia, que mi advertencia sobre lo irreal de este comienzo aún no ha tenido referencia, mas ahora paso a describiros este particular.

»Cuentan las mismas voces que me relataron aquesta historia, que tras el naufragio y posterior ahogamiento, el alma de Juan de Ametxazurra viajó hasta el cielo, y que allí esperó la hora del Juicio. Mas como sentía su espíritu en paz y la audiencia se retrasaba, preguntole a un arcángel por la razón de tanta demora.

»San Miguel advirtiole entonces a Juan que el Dios de los vascos, a quien conócese como Jaungoikoa —Señor de lo Alto en nuestro castellano—, encontrábase muy atareado por la cantidad de almas que los dominicos le enviaban por razón de los juicios inquisitoriales que los frailes realizaban por tierras de las Vascongadas y la Navarra. 

»Tras un tiempo de cavilación y mesura, que ni fue largo ni corto porque en el cielo estas cosas no importan, Miguel propuso a Juan que se las viera con God, Dios de los habitantes de Inglaterra, quien aunque también estaba atareado por parecidas razones que Jaungoikoa y el Altísimo de los católicos, muy bien podía emitir veredicto porque tenía manga mucho más ancha y porporcionalmente menos trabajo. Y puesto que el pelo del marinero era rubio y gozaba de buena estatura, advirtiole que si le preguntaban dijera de sí que era galés, irlandés o escocés. Para rematar tan extraña faena, por esos afanes que sólo entienden ángeles y arcángeles, por la boca del vasco, y desde aquel mismo instante, sólo habrían de vertirse palabras pronunciadas en el idioma de la Pérfida Albión.

»Pero quiso el fario de Juan que tampoco God estuviera para trámites, ni siquiera para galeses, irlandeses, escoceses o fingidores. Y cuando Ametxazurra se veía con un pie en el Purgatorio sintiendo que no lo merecía, va y ve al arcángel de vuelta, y éste va y le ve a él:

»—¿Qué pasa Juan?

»—God has not been able to receive me...

»—Pues menester será encontrar amparo ante San Pedro, el de Bermeo. De los muchos San Pedro que nos distinguen con su gracia y sabiduría, el de Bermeo es el más bondadoso, que lo mismo se encarga de los pescadores de Arcachon que de Santoña. Ve, pero guárdame el secreto —díjole San Miguel al vasco sin caer en la cuenta de lo de la lengua.

»—But, Saint Peter?

»Ametzazurra no atreviose a plantear más preguntas y raudo se fue a visitar al santo de los bermeanos por encontrar solución a sus miedos, y hállalo en ese momento atareado, enfrascado en duro debate con San Burubako sobre si el tubérculo recién traído de Las Indias aporta algo, o no, a la fina cocina del bacalao...

»—Sorry!

»—Txo, qué se te ha perrdido!

»—Send me to Saint Michael... 

»San Pedro, el de Bermeo, primero que mira ceñudo a Juan y que dice algo sobre lo raro que habla la juventud, y luego de repasar los papeles que trae el marinero, que le dice:

»—Ené pues, el kaso es que muy buenas obrras has hecho ¡éh!, y eso te honrra, pero también es sierto que la has liado un tanto que sí en el último trrecho de tu trravesía. !No sé, no sé!

»San Burubako intercede entonces y susurra algo al oído de San Pedro, el de Bermeo. Como santos que son —le dice— obligación es de ambos aliviar la carga de Jaungoikoa por cuanto el purgatorio rebosa de incertidumbres en ese momento. San Pedro, dócil ante las palabras de su amigo, hace balanza de lo bueno y lo malo que había realizado en vida Ametxazurra, y no viendo desnivel hacia ningún lado, le propone:

»—Tú no me has visto ¡eh! —lo recalcó moviendo el índice de la mano que sostiene eternamente las llaves del cielo—. Que luego viene Jaungoikoa y se me enfada, y con rrasón. El kaso, pues, es que te voy a mandar de nuevo para abajo, y te daré una semana para que desniveles mi juicio y pases a mayores. ¡Anda pues, rretorna al agua que en un sí es no es te rrescata gente buena y honrada, con la que viaja un tal Ismael! Prregunta por él...»

Cuando voy bajo suelo leer textos viejos para remontar el vuelo. Escribí La Llaga de Dios recién entraba en imprenta El Tres Fuegos, y todavía hoy me recreo en lo ingenuo que era entonces.

Pero a lo que vamos, cuando Bernie nos dice que la Fórmula 1 necesita una docena de Lewis Hamilton y aconseja a Ferrari que deje de ser tan italiana, me sale ponerme en puntito Adriano Celentano con pantalón ceñido a un palmo del ombligo y campanolos a más no poder.

Claudia Mori haciendo la voz principal y el gran Adriano, de coro. Y Lewis sufriendo de sudores fríos, rogando a God manga ancha, porque a Nico no se le ocurra replicar un Senna Prost en Suzuka 1989, tal que en Interlagos de esta temporada, buscando encontrar, quizás, justicia divina y desquite para un Montmeló 2016 que era del alemán tras haberle ganado la largada al británico.

Mal que quiera la Bruja de Blancanieves, la historia nunca viene al dictado, se escribe negro sobre blanco por sus protagonistas, y aquí que Rosberg tiene la llave en Brasil que sostenía el San Pedro de Bermeo de mi prólogo a La Llaga de Dios.

Tú no me has visto ¡eh¡ No, no te he visto, aunque el hijo de Keke cante en estos momentos a Hamilton el Non succedera piu.

Os leo.