lunes, 31 de agosto de 2015

Guerra de religiones


El asfalto de nuestro deporte drena bastante bien. Es de locos o lo parece, pero hace un puñado de días que cayó sobre Bélgica lo que no está escrito y aquí estamos, enfocando Italia con los deberes hechos. De lo de Bottas y sus ruedas bicolores no se acuerda nadie, lo de Vettel y el pesaje obligatorio quedó en que el chiquillo cumplió lo establecido aunque a destiempo, sin que sepamos todavía si se comió un plato de alubias y se metió entre pecho y espalda dos litronas antes de pasar por la báscula...

Os lo tengo dicho, esto es una guerra de religión. Calvinistas a un lado y católicos de toda la vida al otro. Tipos que tienen lo que merecen, y tipos que merecen que se les mire de reojo porque Charlie es británico, y ya sabemos cómo nos contaba la Monty Python el asunto de las diferencias entre unos y otros en El sentido de la vida.

Pero a lo que vamos, que incluso lo de Pirelli ha quedado en nada, porque reunidos los italianos de Hembery y los italianos de Arrivabene, la cosa se ha resuelto en que se detectó un ligero cambio de temperatura antes de la explosión que debía haber servido de aviso, vamos, que Ferrari acepta las disculpas por el bien del negocio, asume su responsabilidad y ya veremos cuándo se cobra el favorcito, aunque el que queda fatal es el delegado de la milanesa en el box de Maranello.

Entretanto y visto lo visto, Mark defiende fuera de crono a Sebastian en lo de Spa y Lotus es virtualmente Renault, aunque Pastor pueda verse obligado a hacer las maletas con los calzoncillos y los calcetines, y los maletines de PDVSA, que no se nos olvide, aunque al precio que está el crudo hayan visto reducido su tamaño y sean fáciles de resolver.

Y la caña va ahora hacia Honda, fabricante que según Whiting, ha jugado sucio con el reglamento usando dos UP y pasando de largo con los castigos correspondientes, tras penalizar en el Gran Premio de Bélgica, no como hizo Brawn en 2009, o Red Bull a partir de 2010, o Mercedes AMG con su prueba secreta de gomas en 2013, o en épocas más recientes, como la misma Ferrari, que encontró una laguna en lo referente a las homologaciones anuales de idéntica manera a quien encuentra un billete de 500 euros en el suelo.

Y aunque esto último no tenga que ver en sentido estricto con el catolicismo versus el calvinismo del que hablaba antes, sí encaja con esa bis ojerona que muestran los hijos de la Pérfida Albión ante cualquier cara que lleve ojos rasgados. ¿Calvinismo vs. sintoísmo? ¿Miedo? ¿Diferencia de culturas? A la espera de que Felipe González nos diga de qué va realmente todo esto, se me humedecen los ojos pensando en lo fácil que resultaba hasta ahora cambiar una sanción por llegar sin gasolina a los controles después de la calificación, por una salida desde el pitlane pero con un cohete totalmente renovado con el que disputar la carrera.

Seguro que lo cambian. El calvinismo es así de generoso. Los católicos son unos tramposos y los japoneses no entienden del fair play. En todo caso, el esfuerzo auténtico y currado hay que bonificarlo y santificarlo con buenas formas. Eso o la Formula 1 también sería Grecia, ¿no?

Pues a lo que vamos, que hemos drenado rápido y hasta Joe Saward vuelve con lo del desembarco de Audi en la máxima disciplina. Pero llegamos a Monza, eso es lo importante.

Os leo.