martes, 8 de marzo de 2016

¡Coño vaca los cojones...!


No ha comenzado la temporada y ya tenemos las primeras muestras de que no cambiamos ni así nos maten.

Somos asín, que decía aquél. Nos rascan la superficie y sale el tótum revolútum que llevamos dentro, gritando: ¡Margarita. Cagüen zotz, Margarita, pa'qué te metes ahí...! ¡Lagun, a por ella. Traétela! ¡Coño vaca los cojones...!

Da lo mismo si Margarita da buena leche o no, sólo es mala cuando se desmanda...

Hoy he leído mientras tomaba café, que un deportista se las había tenido tiesas con tres reses en el Pagasarri —monte emblemático de las lozanías de Bilbao—, e inmediatamente he recordado que en mis años mozos, bajando junto a mi colega de infancia Ramón Areitio por las laderas del Galdames, observamos a lo lejos una vaca que nos miraba mal.

—Esa vaca me da mala espina...

Jopelas que daba mala espina. El animal comenzó a subir al galope hacia nosotros  y mi compañero y yo desandábamos el camino como si nos persiguiese el mismísimo diablo. Y eso que subíamos una pendiente. Y eso que llevábamos encima todos los aperos que llevan los chavales cuando salen a las siete de la mañana y pretenden volver a casa a las cinco de la tarde. Nada, cuatro cosas que juntas pesaban lo que un cañón de ocho libras, aunque a Indiana Jones seguro que le habrían permitido encontrar seis o siete Arcas de la Alianza sin necesidad de repostar.

Aquella historia acabó bien pero porque el bicho se cansó de buscarle las espaldas a dos incautos que apenas levantaban catorce años cada uno. Si no, de qué...

Pero a lo que iba, que me distraigo. No ha comenzado la campaña 2016, ni siquiera Melbourne asoma aún en el horizonte, y aunque Movistar F1 se acaba de aliar con Televisión Española para que los mortales sean felices, vamos nosotros y empezamos a ciscarnos en los muertos de todo lo que se menea, como cuando andaba Antonio Lobato en estas lides.

Será que no aprendemos o no queremos aprender, o quizás se corresponda todo con que yo he enterrado mi ingenuidad más hondo de lo que pensaba, pero a mí, desde luego, esto no me ha pillado de nuevas.

Lo que sí tengo claro es que esta vez Fernando Alonso no sirve de excusa y que dentro de trece días, se nos habrá pasado el calentón y volveremos a ordeñar las ubres de la Fórmula 1 como si no hubiese pasado nada: ¡Margarita. Cagüen zotz, qué bonita que eres...! ¡Coño vaca los cojones, cómo te quiero...!

Os leo.