lunes, 21 de diciembre de 2015

[Manor] Sin tela no hay paraíso


El desencuentro palmario entre Graeme Lowdon y John Booth a un lado, y al otro, Stephen Fitzpatrick, propietario del equipo, no ha hecho otra cosa que poner de relieve, que Manor no ha participado en el Mundial de este año con la intención de sentar las bases de un proyecto más o menos serio, sino con un interés marcadamente presencial.

Estrenada en el campeonato 2015 sobre los restos de Marussia —su monoplaza ha sido prácticamente el mismo MR3 que usara la rusa en 2014, obviamente, ajustado a la normativa vigente—, manor lo comenzaba no pudiendo rodar en la carrera de Australia por un problema habido en el software de su plataforma propulsora made in Ferrari —o en los abonos pendientes con Maranello, que tanto da—, y atenazada por una situación económica que no era para echar cohetes pero que se vio ligeramente aliviada con la incorporación del patrocinador Airbnb en el Gran Premio de Canadá y Flex Box en el de Gran Bretaña.

El primer tercio de la campaña se cubriría con el dinero justo para mantener los coches de Will Stevens y Roberto Merhi en activo y por supuesto: para esperar patrocinadores, y cuando estos llegaron, lógicamente pareció que se abría el horizonte.

Se tiró la casa por la ventana en Dinnington. Se anunciaron los fichajes de Bob Bell, Luca Furbatto, John McQuilliam y Gianluca Pisanelli, así como el de Fabio Leimer como piloto reserva. Todo parecía estar bien encauzado. Los monoplazas se mostraban fiables tal vez porque siendo bajas sus expectativas, llevaban casi nulas evoluciones encima y sobre todo, porque su capacidad estaba sobradamente probada al ser su segundo año de rodaje. 

Y llegó la noticia bomba: unidad de potencia Mercedes-Benz para 2016, en vez de Ferrari...

Y aquí es donde pienso que se rompieron los sueños de cristal. Booth y Lowdon pensaban que había proyecto deportivo por delante, y Fitzpatrick les devolvió al piso: Manor concluiría su presencia en el Mundial de 2015 y seguiría haciendo acto de presencia el año próximo, manteniendo los mismos vicios y está por ver si no estirando todavía más, la vida útil de los chasis MR3 heredados de Marussia.

Ser pobre entre ricos tiene estas cosas. Hay quien piensa que se compite y quien opina, que o se hace pasta o no merece la pena salir a pista.

Sea como fuere, Lowdon, Booth y Bell, han abandonado el barco. El anodino Stevens parece que seguirá pagando por su asiento. Merhi lo tiene demasiado chungo para continuar. Si ya estaba complicada la cosa con Alexander Rossi dispuesto a pagar por el suyo, ahora resulta que Ryo Haryanto pone sobre la mesa 15 millones de dólares gracias al gobierno indonesio.

Y es que al final, a lo peor y todo tiene razón el señor Fitzpatrick: firmas una temporada decente sin molestarte en pelearla realmente, vendes que no estrenas el coche de este año porque prefieres centrarte en el proyecto para el que viene, atraes dinero, compras dos o tres faroles más, y te presentas en 2016 asumiendo muchos menos riesgos que tus rivales. Total, ya sabes dónde vas a quedar.

Os leo.