miércoles, 20 de marzo de 2024

La doctrina del re-shock


Admitámoslo: ni Naomi Klein lo vio venir...

Lo anglosajón es tan previsible que hasta dos simples aficionados de a pie, como Álex y yo, nos permitimos calcular con certera precisión, allá en enero pasado, cuándo iba a comenzar la inevitable nueva ofensiva contra Mohammed ben Sulayem. ¡Australia!, y es que en Bahrein y Arabia Saudí podía sentar mal que al dubaití los blancos lo asaran a boinazos, por la kufiya, mayormente, y, bueno, en Japón, China y Miami, básicamente se la trae al pairo lo que suceda con Monsieur le Président

Melbourne era, sin ningún género de dudas, el momento idóneo para que David Richards y los suyos reiniciaran la ofensiva contra la cúpula de la FIA, con la complacencia de Liberty Media, claro, y la colaboración necesaria de una prensa acostumbrada a morder sólo donde le indican, y el pagafanteo que se gasta el aficionado medio a la Fórmula 1, que no conoce varón ni hembra pero sabe de sexo porque sigue a otro incel como él en Tik-Tok o Youtube.

No hemos pisado Albert Park y ya suenan los tambores de guerra, que la culpa del desapego reinante siempre será de Red Bull y Max Verstappen —¡un coñazo tanto dominio, oiga!—, y no de una cultura trilera, que, lejos de aceptar usos y costumbres aunque no gusten, prefiere enfangarlo todo.

Richards sería un tipo cómodo para Liberty, al estilo Todt, pero no es el Presidente de la Federación Internacional de Automovilismo. Toto y Susie prolongarían su exitosa luna de miel con el inglés en el trono de Place de la Concorde, pero el citado ni siquiera se presentó a las elecciones. Es Caballero de la Orden del Imperio Británico, un poco al estilo Príncipe Henry, que es Living Legend of Aviation como Tom Cruise, Harrison Ford, Jeff Bezos o Elon Musk, que me dirán ustedes...

También es verdad que Álex y yo sumamos años inconfesables alrededor de todo esto, desde luego más que Raimon Duran al pie del cañón. Me basta insinuarle por teléfono cualquier olvido para que él lo repare recordando a Florencio Parravicini, el hombre que perdió una prueba no puntuable por no dejar de agasajar debidamente a las autoridades.

Nos quedan por delante semanas complicadas. Ruido, muchísimo ruido. Detrás Richards y, en el frente, los siempre dispuestos a inmolarse por una verdad que sólo es la suya y no representa a nadie más.

Pero tranquilos, la culpa seguirá siendo de Max y de ese cohete que lleva bajo el culo.

Os leo.

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