viernes, 29 de diciembre de 2023

Los nueve diecisiete K


Con una distancia entre ejes apenas 27 centímetros superior a la de un Mini —3 menos que las dimensiones de una regla escolar—, aunque más ancho y bastante más bajo, el Porsche 917 fue un vehículo creado ex profeso para vencer en las 24 Horas de Le Mans, que se estrenó en la edición de 1969 de la prueba francesa [Y una más, 1969 (#24LeMans 37)].

A partir de la experiencia con los 908 L, Stuttgart diseñó un agresivo programa para dar con un vehículo competente que cumpliera el viejo anhelo de traer a casa la victoria absoluta en La Sarthe. En principio la idea consistía en mejorar las prestaciones y comportamiento de la ya amortizada plataforma 908 de 3 litros. Una carrocería más elaborada y el aumento de potencia a base de un propulsor de 4.499 cc (12 cilindros opuestos a 180º, Tipo 912) parecían el camino correcto, pero en Le Mans sólo se consiguieron acumular quebraderos de cabeza con las nuevas unidades.

Un estudio más pormenorizado de las circunstancias del desastre hicieron ver rápidamente que el problema no tenía su origen en la excesiva entrega de potencia del propulsor, como se creyó en un inicio, sino que surgía de la resistencia al avance que generaba la cola larga de los primeros 917, cuestión que resolvió Wouther Melissen acortando la carrocería, afianzando su forma de cuña, y aumentando aún más la potencia con la incorporación de un boxer de 4.907 centímetros cúbicos.

Acababa de nacer uno de los coches más icónicos de todos los tiempos...


Como dispongo de varios 917 en diferentes versiones y en futuras ocasiones podremos abordar el cacharrillo alemán con mayor profundidad, me he permitido traer hasta estas páginas de Nürbu a los ganadores de la edición de 1970 [La primera de Porsche, 1970 (#24LeMans 38)] y 1971 [Días de Trueno, 1971 (#24LeMans 39)], dos reproducciones de la casa Spark que reflejan con una enorme calidad de detalles los coches que vieron el banderazo final en primera posición, con Hans Herrmann y Richard Attwood al volante en el 70, y con Helmut Marko y Gijs van Lennep en el 71.


Huelga decir que con una batalla tan corta y una potencia estimada de unos 600 caballos, los 917K resultaban extremadamente nerviosos de conducir y no aptos para cualquiera, razón por la que fueron elegidos por Steve McQueen como protagonistas absolutos de su película Le Mans.

Existen ingentes cantidades de material literario y audiovisual sobre esta preciosidad que reinó sobre lo humano y lo divino, que sólo pudo ser parada por la crisis económica de comienzos de los setenta del siglo pasado y la celosa manera de entender las carreras de los organismos regidores de entonces, y a él os remito para que gocéis como chanchitos en el barro.

Os leo.

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