Dice muy poco del pasado Gran Premio de Mónaco que en estos momentos se esté hablando más de las evoluciones de Kim Kardashian por el paddock que de la propia carrera, que, en sí, tampoco es que fuese nada del otro jueves aunque finalmente me dejó buen regustillo de boca.
Antonelli hizo lo que tenía que hacer: maximizar la pole obtenida anteayer y dominar la prueba sin concesiones, pero esto, como sabemos de sobra, desluce cualquier cita, más si cabe cuando, gracias a la FIA y los cojonazos grandes de los equipos, en el trazado del Mundial más necesitado de vidilla se limitaron los efectos de la aerodinámica y la responsabilidad pasó a las unidades de potencia.
Bueno, el W17 de Mercedes AMG destaca mucho en este ámbito, así que hagámonos cuenta de las pocas o nulas posibilidades que tuvo el resto de la parrilla a la hora de tratar de subvertir el orden establecido.
Obviamente hubo aspectos destacables. La ausencia de Max Verstappen —fallo de propulsor antes de empezar— y la baja forma mostrada por los McLaren, por ejemplo, ayudaron a que Ferrari pareciera más solvente en pista que otras veces. Si a ello sumamos la atragantada que sufrió George Russell intentando salir ileso del aire sucio y que Charles Leclerc se quedó sin frenos en Antony Noghès, Lewis Hamilton volvió a brillar con luz propia porque suele hacerlo cuando carece de contendientes, como sucedió en Canadá.
Más allá de esto, el citado cúmulo de circunstancias también facilitó la buena actuación de Hadjar y Gasly, aunque lo relevante (para mí) fue la intervención de la FIA en plan General Custer en Little Big Horn. Sanciones a troche y moche, muchas de ellas ya finalizado el evento. Aclaraciones, desdichos, cambios de posiciones —Fernando terminó en el puesto 10 y sumando punto—, y ese largo etcétera de señales que deja tras de sí la Federación cuando busca que se le haga casito.
Decía al comienzo que el Gran Premio me dejó buen regustillo de boca, básicamente porque tuvo de todo: previsibilidad, sustitos flanderianos, y ese espacio que no falta nunca en nuestra actividad, donde el esperpento se abre paso para recordarnos que, a pesar de la excelencia técnica, la Fórmula 1 sigue siendo profundamente humana.
Termino. Alpine ha impugnado los resultados a cuenta de la penalización a Gasly, pero no creo que Briatore tenga nada que hacer contra la Kardashian.
Os leo.

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