jueves, 12 de febrero de 2026

Gairm Na h-Oidhche


¡Gracias, pequeño!, y te lo digo desde la constancia de que, hace hoy once años, me dejaste solo y en mis manos depositaste la dura misión de ser el Jefe de la Tribu, encargo que he cumplido escrupulosamente, tanto que, a día de hoy, nadie en nuestra familia cuestiona que sigamos siendo una unidad en lo esencial, con lo franquista que suena eso.

Tu hija pequeña suele decir que a Koketxu no te lo recorres ni en siete vidas, pero a partir de ahora se lo voy a poner francamente difícil, ya que harán falta diez o doce para encontrarme las vueltas. 

¿A quién le dice algo el 12 de febrero? Seamos sinceros, querido: a los de casa y muy poquitos más —José Luis sigue recordándote puntualmente, por cierto—, pero los dos tenemos Nürbu, ese dragón ensortijado cuando duerme que te recordaba nuestras conversaciones antes de apagar la luz del dormitorio para disponernos a dormir. ¡Pobrecito Satanás! que cantaba Vainica Doble, aunque para esta ocasión, y con tu permiso, me inclino por el Gairm Na h-Oidhche de Doyle y Mairi Macinnes, quizá porque estoy mudando de piel y de los bultos que me salieron en la espalda ya están naciendo las primeras plumas.

En nada desplegaré mis legendarias alas negras, de nuevo, y volaré otra vez, como cuando sujeté a tu sobrino en alto para que contemplara el horizonte, en La Galea, y le susurré al oído que todo lo que tenía enfrente y a los costados, y detrás, era genuinamente suyo, y le dije que lo reclamara cuantas veces hiciera falta, que se ve que lo entendió perfectamente porque casi 36 años después sigue enfocado a comerse el mundo.

Nadie nos recordará, Juliantxu, pero mientras siga vivo, no habrá quien me impida recordarte a ti... 

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