domingo, 6 de agosto de 2023

Los New-Man Joest, 1985 [#LeMans 53]


La clientela estadounidense de Porsche había recibido satisfactoriamente al 962, sustituto del 956, pero Stuttgart consideraba que todavía había algunas cosas que pulir, debido, fundamentalmente, a que el alargado del chasis para que los pies del piloto quedaran por detrás del eje delantero, el consiguiente aumento de batalla así como los refuerzos exigidos, habían desequilibrado ligeramente el conjunto y resultaba urgente corregirlo. El coche pedía a gritos más potencia pero existían dudas al respecto.

A pesar de las desavenencias habidas con el ACO en 1984 [Pescarolo, 1984 (#LeMans 52)], Rothmans Porsche alineó tres coches oficiales para la edición de 1985, tres 962C —la C aludía al Group C FIA—, a los que se sumaban otros dos depositados en las manos de Kremer y Brun, que se las iban a ver en La Sarthe con otros siete 956 en sus diferentes configuraciones, entre los que se encontraban los 956B de Joest, uno de ellos el vencedor del 84, y un elenco renovado de rivales en el que destacaban los Lancia LC2-85 y el Toyota 85C-L.

La nota pintoresca la pusieron los renovados Jaguar XJR-6, pues ninguna de los tres unidades inscritas pudieron clasificarse, y el Sauber C8, que, a pesar de ir de tapadillo, suponía el retorno de Mercedes-Benz a la Resistencia después de haberla abandonado en 1955, aunque, a la postre, acabó no tomando la salida después de sufrir un aparatoso accidente en entrenamientos del que no pudo reponerse.

Nuestro compatriota Jesús Pareja intervino encuadrado en el equipo Obermaier Racing Team, conduciendo un 956 patrocinado parcialmente por Ducados y Hola, compartiendo volante con Jürgen Lässig y Hervé Regout; y a las 16:00 horas de la tarde del sábado 15 de junio, con Hans-Joachim Stuck como poleman sobre el Rothmans Porsche dorsal número 2, la serpiente multicolor se puso definitivamente en marcha ante más de 150.000 espectadores cuando ondeó la tricolor Alain Calmat, ex campeón mundial de patinaje artístico y Ministro de Deportes galo.

Los 52 integrantes de la parrilla no perdieron el tiempo durante las primeras horas, sobre todo en la cabeza de la prueba, que no comenzó a disiparse hasta bien entrado el atardecer, cuando Klaus Ludwig se propuso como líder indiscutible conduciendo el 7 de New-Man Joest y los 962C oficiales no daban ninguna muestra de ser invencibles.

Sobre el inicio de la madrugada sucedió una circunstancia que no se había dado jamás en las 24 Horas. La llave de abastecimiento de combustible a los boxes se había cerrado, lo que originó que muchos vehículos que entraban a repostar se vieran obligados a volver a pista con lo puesto y los pasos por garajes se convirtieran en un pequeño festival. La situación no duró demasiado, la verdad, pero sí lo suficiente para trastocar las estrategias de los equipos, incluso para dañarlas irremediablemente.

A las 01:00, catorce coches rodaban en apenas 4 giros, un suspiro en Le Mans. 

El Joest dorsal 7 dominaba placenteramente, detrás, simplemente las cosas sucedían a tanta velocidad que resultaba imposible saber quién mantenía opciones y quién no. Los 962C de fábrica corrían diferente suerte y únicamente sobresalía el de Derek Bell y Hans-Joachim Stuck. Los LC2-85 de Martini Lancia no salían de un quebradero de cabeza que se metían en otro. Los viejos Jaguar XJR-5 aguantaban el trallazo, y el Toyota conducido por Nakajima, Sekiya y Hoshino, hacía las delicias del público asistente...

Al amanecer Ludwig marcó el mejor registro de la prueba —aviso a navegantes que sólo pudo romper Jacky Ickx clavando la aguja del cronómetro en 3:25,100—. La mañana del domingo 16 de junio lucía en amarillo New-Man. Los veintiocho participantes que aún quedaban en pista estaban más preocupados por sobrevivir como fuera que por inquietar al líder indiscutible, de manera que, con el transcurso de las horas que quedaban se fue certificando una nueva victoria de un equipo cliente de la de Stuttgart. El 956B tenía cuerda para rato, y capacidad suficiente como para opacar las excelencias de unos 962C a los que todavía les quedaba mucho por hacer para vencer al coche al que sustituían.

Pescarolo, integrado en Lancia, colocó el LC2-85 que compartía con Mauro Baldi en sexta posición, a tan sólo dos vueltas del vehículo hermano conducido por Bob Wollek, Alessandro Nannini y Lucio Cesario. La italiana repetiría en 1986 para abandonar definitivamente...

El prototipo de Pareja concluía en la octava plaza, aunque la victoria era para Klaus Ludwig, Paolo Barilla y Louis Krages con 374 giros a La Sarthe, 4.900,276 kilómetros en total. Con dos de descuento, veían la ajedrezada Jonathan Palmer, James Weaver y Richard Lloyd, sobre un 956 GTI. A siete cuerdas del líder, terminaban Derek Bell y Hans-Joachim Stuck, al volante del único 962C que supo materializar sus opciones.

El severo correctivo que sufrió Porsche en 1985 tuvo su respuesta en 1986, pero esa es otra historia...

Os leo.

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