miércoles, 30 de agosto de 2023

El desayuno de los campeones


Al paso que vamos, Liberty permitirá que los circuitos subasten microespacios donde se celebren bodas rápidas durante los pit stops, de esas que son para toda la vida igual que las largas y con fastos en catedral, pero también acaban cortocircuitadas en cuanto la convivencia hace sus estragos.

Érais unas chiquillas, como quien dice, y en Nürbu ya lamentábamos que Briatore sacara a Bruce Willis a puntapiés de un Billionaire porque el actor no quiso hacerse un selfie con Elisabetta Gregoraci. Lloramos a moco tendido cuando Lewis se desnovió de Nicole Scherzinger y nos rasgamos las vestiduras cuando Jessica Michibata dejó plantado a Jenson Button. Más tarde murió John, la cara amable y risueña que siempre acompañaba al campeón del mundo 2009, se nos fue Jules, y para cuando Flavio partió migas con Elisabetta ya nos habíamos insensibilizado.

Hubo señales que desatendimos. Lisa Dennis le dijo a Ron que lo aguantara su santa madre en 2008, por ejemplo. Slavica susurró algo parecido a Bernie Ecclestone al año siguiente, pero, en líneas generales, estábamos a otras cosas: que si el KERS, que si el Y-250, que si a Newey no había quien lo parase, que si Sebastian encendía el primero y apagaba el último las luces del garaje. 

La Fórmula 1 seguía perdiendo sex appeal y aroma Varón Dandy. La publicidad de tabaco había dejado espacio a las corporaciones y su moralina conservadora, el ambiente insufriblemente limpio de McLaren había ganado a la grasa en las manos y despertábamos tibiamente cuando Maurizio Arribavene saludó públicamente el anuncio de que Kimi y Minttu habían encargado a Robin Ace. Para nosotros ya era tarde...

Lo de que morimos cada anochecer es un hecho irrefutable y queda por ver, al menos hasta mañana, si es cierto que renacemos cada amanecer, no obstante, nuestro deporte lleva desde hace años una derrota moñas y edulcorada que me merece un apunte, no por molestar, como suele ser costumbre, sino para recapacitar dónde cojones nos lleva ese ideario diseñado por hombres de empresa, que ha posado sus ojos en la adolescencia virgen y en lo femenino como futuro para la actividad.

Ya no podemos aludir a James Hunt porque no lo entendería nadie, el mercado manda y mandan las tendencias y, al final de todo, es el dinero el que manda y define las normas, y ahí vamos, como locos y sin despeinarnos. Total, nuestros veinte gladiadores parecen gente blandita que llora a todas horas debido a que ¡es el mercado, amigo!, y, seguramente, porque el sexo ha dejado de ser el desayuno de los campeones.

Os leo.

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