miércoles, 19 de enero de 2022

¡Ya están aquí!

La maldad humana es infinita. No contentos con poner a Jean Todt en Ferrari y Marcin Budkowski en Aston Martin, que ha sido que no, ahora han resucitado a Flavio Briatore porque el hombre se ha pasado por París La France y podría ser... Sí, podría ser que Liberty haya construido la moderna Fórmula 1 sobre un antiguo cementerio indio y debamos evitar a toda costa que la chiquilla se acerque al televisor cuando no hay señal.

Por suerte para todos podemos dejar que Carol se ponga a mirar la caja tonta a deshoras. Ya no hay ruido blanco, en su lugar hay relleno de todo tipo: pelis que deberían programarse en el horario que ocupan los bodrios alemanes de sobremesa en fin de semana, comerciales de todo tipo y condición, documentales sobre extraterrestres, el Arca de la Alianza, y Hitler, etcétera, y Hitler otra vez y, otra vez etcétera.

Vamos, que lo peor que puede suceder es que la niña nos pille la VISA y en unos días recibamos en casa un sillón descapotable que hace la digestión por nosotros y reduce nuestra libido sin lastimar nuestra pulsión sexual, nos masajea y ayuda a sentarnos y levantarnos sin hacer esfuerzo, y, con suerte, y después de haber abonado un pequeño plus sin intereses y repercutido en cómodos plazos, nos permitirá preguntarle: ¡Silloncito, silloncito mágico, quién es el ser más bello de este lugar...!, mientras nos envolvemos en la manta que nos dan como regalo junto a dos relojes del afamado relojero suizo Lionel Mambrú, que se fue a la guerra y volvió luego para hacernos la vida más placentera.

Si la prensa especialista no es capaz de tomarse en serio, a mí que no me miren. La historia esta de Briatore en Enstone surgió de una cuenta cachonda de Twitter, pero fue tomada en serio por el monárquico ABC y ahora no hay Dios que quite el juguete a los que iluminan nuestro camino.

¿Dónde vamos? ¡Y yo que sé!

Este mediodía le confesaba a Miguel que mi fe en nuestro deporte roza mínimos. De no haber concurrido el azar de la cuenta tuitera que comentaba hace unas líneas, Flavio habría pasado por París sin pena ni gloria —la de veces que habrá ido allí—, nadie habría trazado la estúpida línea entre el italiano y nuestro bicampeón, Not at All! seguiría significando ¡Para nada en absoluto! y nos habríamos ahorrado el bochornazo de aguantar a los que luego se quejan de competencia desleal, de que en Twitter no reside la verdad y de que hay que pasar por una universidad para ser periodista.

¡Ya están aquí!, y todavía nos quedan unas semanas para que todo se serene, las aguas vuelvan a su cauce, un decir, y empecemos con la siguiente matraca: ¿Llegará la lava palmera al mar?

Os leo.

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